Hay momentos en nuestra vida en los que sentimos que todo está en su lugar.
Nos
levantamos con energía, respiramos profundamente y sentimos que la vida tiene
sentido. Podemos mirar alrededor y reconocer aquello que tenemos. Una conversación
nos emociona, una canción nos conecta, una persona nos abraza, el sol entra por
la ventana y, por unos instantes, sentimos algo difícil de explicar.
Sentimos
gratitud.
Pero ¿qué
sucede cuando llega un problema?
¿Qué ocurre
cuando alguien nos decepciona, cuando algo no sale como esperábamos, cuando
atravesamos una pérdida, cuando aparece el miedo, la incertidumbre o
simplemente tenemos uno de esos días en los que nada parece fluir?
¿Podemos
continuar viviendo en gratitud?
La verdadera
práctica espiritual no consiste en sentirnos bien solamente cuando todo
funciona de acuerdo con nuestros deseos.
La verdadera
práctica consiste en aprender a encontrar un espacio interior de conexión
incluso cuando la vida nos invita a atravesar momentos difíciles.
Vivir en
gratitud no significa negar lo que nos sucede.
No significa
decir que todo está bien cuando no lo está.
No significa
obligarnos a sonreír cuando necesitamos llorar.
No significa
repetir afirmaciones positivas para escapar de aquello que estamos sintiendo.
Vivir en
gratitud significa aprender a reconocer que, incluso dentro de una experiencia
desafiante, nuestra vida continúa teniendo aspectos que merecen ser vistos,
sentidos y valorados.
La gratitud
no elimina las dificultades.
Pero puede
cambiar la manera en que las atravesamos.
Y cuando
cambia nuestra manera de relacionarnos con la vida, también comienza a cambiar
nuestra experiencia interna.
La gratitud es mucho más que decir "gracias"
Muchas
personas relacionan la gratitud con una simple palabra.
"Gracias."
Pero la
gratitud profunda no es solamente una expresión verbal.
Es una forma
de mirar.
Es una
disposición del corazón.
Es aprender
a reconocer lo que existe en lugar de permanecer permanentemente enfocados en
aquello que falta.
Podemos
tener diez cosas maravillosas frente a nosotros y, sin embargo, pasar todo el
día pensando en la única cosa que todavía no conseguimos.
Esto sucede
con frecuencia.
Tenemos
salud y pensamos en aquello que queremos cambiar de nuestro cuerpo.
Tenemos
personas que nos aman y pensamos en quien se fue.
Tenemos un
hogar y pensamos en la casa que todavía no podemos comprar.
Tenemos
trabajo y pensamos en el trabajo que deseamos tener.
Tenemos un
nuevo comienzo y seguimos mirando hacia atrás.
La mente
tiene una tendencia natural a concentrarse en aquello que considera pendiente,
amenazante o incompleto.
Por eso la
gratitud necesita convertirse en una práctica consciente.
Necesitamos
entrenar nuestra mirada.
Necesitamos aprender
a decir:
"Hoy
también hay algo bueno en mi vida que merece ser reconocido."
Y cuando
empezamos a hacerlo, algo cambia.
Quizás no
cambia inmediatamente nuestra realidad externa.
Pero
comienza a cambiar nuestra realidad interna.
La gratitud no significa
conformarse
Existe una
confusión muy importante que necesitamos aclarar.
Estar
agradecidos no significa conformarnos.
Podemos
agradecer lo que tenemos y, al mismo tiempo, desear crecer.
Podemos amar
nuestra vida actual y querer construir una vida diferente.
Podemos
agradecer nuestro hogar y querer mudarnos.
Podemos
agradecer nuestro trabajo y desear desarrollar un nuevo proyecto.
Podemos
agradecer una relación y, al mismo tiempo, reconocer que necesitamos
transformar determinados aspectos de ella.
La gratitud
no nos pide renunciar a nuestros sueños.
Nos invita a
dejar de vivir nuestros sueños desde la sensación permanente de carencia.
No es lo
mismo decir:
"Cuando
consiga aquello, recién entonces voy a estar bien."
que decir:
"Estoy
agradecido por lo que hoy existe en mi vida y, desde este lugar, continúo
caminando hacia aquello que deseo."
La segunda
posición es completamente diferente.
Porque ya no
estamos esperando que algo externo nos dé permiso para sentirnos completos.
Comenzamos a
caminar desde una sensación de mayor presencia.
¿Qué significa vivir en una
alta vibración?
Cuando
hablamos de "alta vibración" dentro de un camino espiritual, no
estamos hablando de estar felices las veinticuatro horas.
Esto es
fundamental.
Una persona
con una práctica espiritual profunda también puede sentir tristeza.
Puede
enojarse.
Puede tener
miedo.
Puede
cansarse.
Puede
llorar.
Puede
necesitar poner límites.
Puede atravesar
momentos de confusión.
La alta
vibración no consiste en negar las emociones consideradas
"negativas".
Consiste en
aprender a relacionarnos conscientemente con nuestras emociones.
El enojo
puede mostrarnos un límite que necesitamos establecer.
La tristeza
puede indicarnos que necesitamos hacer un duelo.
El miedo
puede mostrarnos algo que necesitamos comprender.
La
frustración puede señalar una expectativa que necesita ser revisada.
La culpa
puede invitarnos a reparar.
La soledad
puede abrir una conversación profunda con nosotros mismos.
Por eso,
elevar nuestra vibración no significa escapar de nuestra humanidad.
Significa
habitar nuestra humanidad con mayor conciencia.
La verdadera
elevación no ocurre cuando dejamos de sentir.
Ocurre
cuando dejamos de luchar permanentemente contra aquello que sentimos.
La gratitud como puente entre
el presente y el alma
Vivimos gran
parte de nuestro tiempo pensando en lo que ocurrió o en lo que podría ocurrir.
El pasado
nos lleva hacia la nostalgia, la culpa o el arrepentimiento.
El futuro
nos lleva hacia la anticipación, la ansiedad o la expectativa.
Y mientras
tanto, existe un lugar donde realmente está ocurriendo nuestra vida:
el presente.
La gratitud
nos devuelve al presente.
Cuando
decimos:
"Gracias
por este momento."
estamos
reconociendo que este instante existe.
Cuando
decimos:
"Gracias
por mi respiración."
regresamos
al cuerpo.
Cuando
decimos:
"Gracias
por las personas que amo."
regresamos
al corazón.
Cuando
decimos:
"Gracias
por todo lo que aprendí."
transformamos
nuestra relación con el pasado.
Cuando
decimos:
"Gracias
por la oportunidad de comenzar nuevamente."
abrimos una
puerta hacia el futuro sin necesitar controlar exactamente cómo sucederá.
La gratitud
puede convertirse así en un puente.
Un puente
entre nuestra mente y nuestro corazón.
Entre
nuestra experiencia cotidiana y nuestra dimensión espiritual.
Primer ejercicio: despertar en
gratitud
Una de las
mejores maneras de comenzar a modificar nuestra relación con el día es cambiar
los primeros pensamientos de la mañana.
Muchas
personas despiertan y lo primero que hacen es mirar el teléfono.
Mensajes.
Noticias.
Redes
sociales.
Problemas.
Pendientes.
Comparaciones.
Antes de
haber tenido siquiera unos minutos para conectarse consigo mismas, ya están
absorbiendo información externa.
Podemos
crear una alternativa.
Práctica de los tres agradecimientos
Al
despertar, antes de levantarte, coloca una mano sobre el corazón.
Respira
lentamente.
Y reconoce
tres cosas por las que puedes agradecer.
No tienen
que ser grandes.
Pueden ser:
"Gracias
porque estoy vivo."
"Gracias
por mi respiración."
"Gracias
por este nuevo día."
También
puedes agradecer algo específico:
"Gracias
por mi familia."
"Gracias
por el trabajo que tengo."
"Gracias
por la oportunidad de aprender."
"Gracias
por mi hogar."
"Gracias
por mi cuerpo."
"Gracias
por haber superado momentos difíciles."
Después
respira profundamente y di:
"Hoy
elijo mirar mi vida desde la gratitud."
No necesitas
sentir una emoción extraordinaria.
Simplemente
comienza.
La práctica
irá profundizando.
La gratitud por las cosas
pequeñas
Una de las
mayores transformaciones ocurre cuando dejamos de esperar acontecimientos
extraordinarios para sentir gratitud.
Porque la
vida está llena de pequeños milagros cotidianos.
El agua que
bebemos.
Una ducha
caliente.
El aroma del
café.
Una
conversación.
Una sonrisa.
El sol.
Una
caminata.
Una canción.
Una comida.
Una cama
donde descansar.
Un árbol.
El silencio.
Una mascota.
Una persona
que nos pregunta cómo estamos.
Un mensaje
inesperado.
Una
oportunidad.
Una idea.
Un libro.
Una
respiración consciente.
Cuando
aprendemos a reconocer estas pequeñas cosas, comenzamos a experimentar la vida
de otra manera.
No porque la
vida haya cambiado.
Sino porque
nuestra mirada cambió.
Y muchas
veces, la felicidad no llega cuando conseguimos más.
Llega cuando
somos capaces de reconocer mejor lo que ya existe.
Segundo ejercicio: el diario
de gratitud consciente
Puedes
utilizar un cuaderno exclusivamente para esta práctica.
Cada noche
escribe cinco cosas por las que agradeces.
Pero existe
una condición:
No las
escribas mecánicamente.
No escribas
simplemente:
"Familia."
"Trabajo."
"Salud."
Detente unos
segundos y conecta con aquello que estás nombrando.
Por ejemplo:
"Hoy
agradezco la conversación que tuve con mi hijo porque me permitió sentirme
cerca de él."
"Hoy
agradezco que pude descansar porque mi cuerpo necesitaba recuperar
energía."
"Hoy
agradezco el mensaje que recibí porque llegó justamente cuando necesitaba
sentir compañía."
"Hoy
agradezco haber podido decir que no, porque estoy aprendiendo a respetar mis
límites."
La gratitud
se vuelve mucho más poderosa cuando está acompañada de presencia.
Gratitud incluso por lo
aprendido
Existe un
nivel más profundo de gratitud:
agradecer
aquello que nos enseñó algo.
No significa
agradecer el sufrimiento en sí mismo.
No
necesitamos romantizar el dolor.
Pero podemos
reconocer aquello que una experiencia nos permitió comprender.
Podemos
decir:
"Gracias
por haberme mostrado lo que ya no quiero."
"Gracias
por haberme enseñado a poner límites."
"Gracias
por haberme ayudado a conocerme."
"Gracias
por haber descubierto mi fortaleza."
"Gracias
porque ahora sé qué necesito sanar."
"Gracias
porque aprendí a elegirme."
A veces una
experiencia no fue agradable.
Pero nuestra
relación con ella puede transformarse.
El pasado no
siempre puede modificarse.
Pero sí
podemos modificar el significado que le damos.
La gratitud y el cuerpo
Nuestra
conexión espiritual no ocurre solamente en nuestra mente.
También
ocurre a través del cuerpo.
Por eso es
interesante incorporar ejercicios corporales a la práctica de gratitud.
Ejercicio: agradecer al cuerpo
Cierra los
ojos.
Coloca una
mano sobre el pecho y otra sobre el abdomen.
Respira
lentamente.
Luego lleva
tu atención hacia diferentes partes del cuerpo.
Y di
internamente:
"Gracias,
pies, por sostenerme."
"Gracias,
piernas, por llevarme."
"Gracias,
manos, por permitirme crear y tocar."
"Gracias,
corazón, por acompañarme."
"Gracias,
pulmones, por cada respiración."
"Gracias,
cuerpo, por estar conmigo cada día."
No necesitas
buscar sensaciones especiales.
Simplemente
escucha.
Muchas
personas pasan años relacionándose con su cuerpo desde la crítica.
"Estoy
demasiado gordo."
"Estoy
demasiado delgado."
"No me
gusta mi cuerpo."
"Esto
debería ser diferente."
Esta
práctica nos propone otra relación:
habitar
nuestro cuerpo desde el agradecimiento.
Cuando aparecen los días
difíciles
Aquí
encontramos una de las partes más importantes de este camino.
¿Qué hacemos
cuando estamos atravesando un día realmente malo?
No
necesitamos obligarnos a sentir gratitud.
Primero necesitamos
reconocer lo que está ocurriendo.
Podemos
decir:
"Hoy
estoy triste."
"Hoy
tengo miedo."
"Hoy
estoy cansado."
"Hoy no
tengo ganas de nada."
Y eso
también es conciencia.
Después
podemos preguntarnos:
"¿Existe
aunque sea una pequeña cosa por la que pueda agradecer hoy?"
Quizás la
respuesta sea:
"Sí.
Estoy respirando."
Y eso
alcanza.
Tal vez:
"Hoy
alguien me acompañó."
O:
"Tengo
un lugar donde descansar."
O
simplemente:
"Hoy
tuve la valentía de levantarme."
La gratitud
en los días difíciles no necesita ser enorme.
Puede ser
pequeña.
Pero
verdadera.
No necesitas mantener una
vibración alta todo el tiempo
Esta idea
puede resultar liberadora.
No tienes
que estar vibrando alto todo el tiempo.
No eres
menos espiritual porque tengas un mal día.
No estás
haciendo mal tu proceso porque estés triste.
No has
perdido tu conexión espiritual porque tengas miedo.
No has
"bajado tu vibración" simplemente porque estás atravesando una emoción
incómoda.
Eres humano.
Y ser humano
implica experimentar todo un abanico emocional.
La práctica
consiste en no quedarnos atrapados indefinidamente en aquello que nos duele.
Sentir.
Comprender.
Expresar.
Procesar.
Integrar.
Y volver
poco a poco al centro.
La alta
vibración no es una obligación.
Es una
consecuencia de vivir con mayor conciencia, amor, presencia y coherencia.
Tercer ejercicio: la pausa
consciente de gratitud
Puedes
realizar esta práctica varias veces durante el día.
Detente
durante un minuto.
No importa
dónde estés.
Siéntate o
permanece de pie.
Respira.
Observa tu
cuerpo.
Mira
alrededor.
Y
pregúntate:
"¿Qué
puedo agradecer de este momento?"
Quizás
encuentres algo.
Respira
nuevamente.
Y permite
que ese agradecimiento se expanda.
Esta
práctica es especialmente útil cuando estás atravesando estrés.
Porque
interrumpe, aunque sea durante unos segundos, el piloto automático.
Gratitud hacia las personas
También
podemos practicar gratitud hacia quienes forman parte de nuestra vida.
Pero existe
algo aún más poderoso:
expresarla.
¿Cuántas
veces sentimos amor por alguien y nunca se lo decimos?
¿Cuántas
veces pensamos:
"Qué
importante es esta persona para mí."
pero jamás
lo expresamos?
No esperes
una ocasión especial.
Puedes
enviar un mensaje.
Puedes hacer
una llamada.
Puedes
abrazar.
Puedes
decir:
"Gracias
por estar en mi vida."
Y hacerlo
desde el corazón.
No porque
necesites algo.
No porque
esperes algo a cambio.
Simplemente
porque quieres reconocer la presencia de esa persona.
Cuarto ejercicio: la carta de
gratitud
Elige una
persona que haya sido importante en tu vida.
Puede ser
alguien que actualmente esté contigo o alguien que haya formado parte de tu
camino.
Escribe una
carta.
No necesitas
enviarla.
Comienza
diciendo:
"Hoy
quiero agradecerte..."
Y continúa.
Agradece lo
que aprendiste.
Los momentos
compartidos.
Las
palabras.
Los gestos.
Incluso
aquello que te ayudó a crecer.
Si la
relación fue compleja, no necesitas negar el dolor.
Puedes
escribir:
"También
reconozco aquello que me dolió, pero agradezco lo que pude aprender de esa
experiencia."
Al terminar,
coloca la mano sobre el corazón y respira.
La gratitud hacia uno mismo
Esta puede
ser una de las prácticas más difíciles.
Estamos
acostumbrados a agradecer a otros.
Pero ¿cuándo
fue la última vez que te agradeciste algo a ti mismo?
Gracias por
haber continuado.
Gracias por
haberlo intentado.
Gracias por
haber aprendido.
Gracias por
haber pedido ayuda.
Gracias por
haberte levantado.
Gracias por
haber puesto un límite.
Gracias por
haber perdonado.
Gracias por
haber elegido comenzar nuevamente.
Quizás hayas
cometido errores.
Todos los
cometemos.
Pero también
has sobrevivido a momentos que alguna vez pensaste que no podrías atravesar.
Reconócelo.
Quinto ejercicio:
"Gracias por no rendirme"
Busca un
momento de silencio.
Cierra los
ojos.
Recuerda una
situación difícil que hayas atravesado.
No necesitas
entrar profundamente en el dolor.
Simplemente
reconoce que ocurrió.
Luego di:
"Gracias
a mí por haber seguido adelante."
Respira.
"Gracias
a mí por haber aprendido."
Respira.
"Gracias
a mí por haber continuado incluso cuando no sabía cómo hacerlo."
Respira.
Y
finalmente:
"Hoy
elijo tratarme con más amor."
Esta
práctica puede convertirse en una forma muy profunda de reconciliación
interior.
La gratitud también puede
transformar nuestra manera de pedir
Dentro de
muchos caminos espirituales aprendemos a pedir.
Pedimos
amor.
Abundancia.
Salud.
Trabajo.
Oportunidades.
Cambios.
Pero existe
una diferencia entre pedir desde la desesperación y pedir desde la confianza.
Desde la
desesperación decimos:
"Necesito
esto porque si no lo consigo no voy a estar bien."
Desde la
confianza podemos decir:
"Reconozco
lo que deseo, doy los pasos que corresponden y confío en que la vida seguirá
mostrándome el camino."
La gratitud
puede acompañar nuestras intenciones.
Podemos
decir:
"Gracias
por todo lo que ya está llegando a mi vida, incluso aquello que todavía no
puedo ver."
No como una
fórmula mágica.
Sino como
una manera de cultivar confianza.
Gratitud y desapego
La gratitud
también puede ayudarnos a soltar.
Cuando
agradecemos lo vivido, dejamos de necesitar que algo continúe exactamente como
fue.
Podemos
decir:
"Gracias
por lo que vivimos."
"Gracias
por lo que aprendimos."
"Gracias
por lo que compartimos."
"Gracias
por haber formado parte de mi historia."
Y entonces
podemos permitir que algo termine.
No todo
aquello que agradecemos debe permanecer.
Algunas
personas llegan para acompañarnos durante un período.
Algunas
experiencias llegan para enseñarnos.
Algunos
lugares nos reciben durante una etapa.
Algunos
ciclos necesitan cerrarse.
Agradecer
también puede ser una manera de despedirnos en paz.
La gratitud como práctica
espiritual diaria
Si realmente
queremos incorporar la gratitud a nuestra vida, necesitamos convertirla en un
hábito.
No basta con
hacerlo una vez.
Podemos
construir pequeños momentos durante el día.
Por la mañana
Pregúntate:
¿Qué
agradezco de este nuevo día?
Durante el día
Pregúntate:
¿Qué está
ocurriendo ahora mismo que merece ser reconocido?
Frente a una dificultad
Pregúntate:
¿Qué puedo
aprender de esto?
Antes de dormir
Pregúntate:
¿Qué regalo
me dejó este día?
No
necesariamente tiene que ser algo extraordinario.
Quizás el
regalo fue simplemente haber podido descansar.
Una práctica de conexión con
tus Guías y Maestros
Desde una
mirada espiritual, muchas personas sienten que nunca están completamente solas.
La conexión
con nuestros Guías y Maestros puede vivirse desde el silencio, la oración, la
meditación o simplemente desde una disposición interior de escucha.
No
necesitamos forzar señales.
No
necesitamos buscar mensajes en cada acontecimiento.
Podemos
comenzar desde algo mucho más sencillo:
la
presencia.
Siéntate
cómodamente.
Cierra los
ojos.
Respira
profundamente tres veces.
Coloca tus
manos sobre el corazón.
Y di:
"Abro
este momento desde el amor y el respeto.
Reconozco que existe una dimensión espiritual que me acompaña.
Pido claridad para escuchar aquello que necesite comprender.
Que solamente aquello que venga desde el amor, la luz y el bienestar encuentre
espacio en mi conciencia.
Gracias por acompañarme.
Gracias por sostenerme.
Gracias por ayudarme a recordar que nunca camino completamente solo."
Después
permanece en silencio durante unos minutos.
No busques
escuchar una voz.
No busques
necesariamente una imagen.
Simplemente
observa.
Quizás
aparezca una sensación.
Un
pensamiento.
Una emoción.
Una palabra.
Una
tranquilidad.
O nada.
Y también
está bien.
La
espiritualidad no necesita convertirse en una prueba.
Puede ser
simplemente un espacio de encuentro interior.
Sexto ejercicio: caminar en
gratitud
Esta
práctica es muy sencilla y poderosa.
Cuando
salgas a caminar, intenta hacerlo sin teléfono durante unos minutos.
Observa.
Mira el
cielo.
Los árboles.
Las
personas.
Los sonidos.
La luz.
Tu
respiración.
Mientras
caminas, repite mentalmente:
"Gracias."
No necesitas
explicar por qué.
Simplemente:
"Gracias."
Con cada
paso.
Gracias.
Gracias.
Gracias.
Después de
unos minutos, observa cómo se siente tu cuerpo.
Quizás
descubras que la gratitud puede experimentarse físicamente.
Como una
sensación de apertura.
Como una
respiración más profunda.
Como una
relajación.
Como una
sensación de presencia.
Cuando la mente vuelve a la
preocupación
La mente
puede volver rápidamente a sus viejos patrones.
Por eso no
debemos esperar que una práctica de gratitud elimine nuestros pensamientos.
La mente
pensará.
Eso es lo
que hace.
La práctica
consiste en aprender a elegir dónde colocamos nuestra atención.
Puedes
imaginar que tu atención es como una linterna.
Aquello que
iluminas se vuelve más visible.
Si
permanentemente iluminas tus problemas, sentirás que los problemas ocupan todo el
espacio.
Si también
aprendes a iluminar aquello que funciona, aquello que amas, aquello que has
aprendido y aquello que agradeces, tu experiencia comienza a ampliarse.
No
desaparece lo difícil.
Pero deja de
ser lo único que puedes ver.
Siete afirmaciones para elevar
tu energía
Puedes
repetirlas por la mañana o durante una meditación.
1.
"Hoy elijo mirar mi vida desde la gratitud."
2.
"Reconozco todo aquello que ya existe y merece ser valorado."
3.
"Permito que mi corazón se abra a recibir y agradecer."
4.
"Honro mis emociones y me permito atravesarlas con conciencia."
5.
"Confío en mi camino y en los aprendizajes que la vida me ofrece."
6.
"Soy capaz de volver a mi centro cada vez que me alejo de él."
7.
"Gracias por la vida, gracias por este momento y gracias por la
oportunidad de seguir aprendiendo."
La gratitud no necesita
perfección
Quizás
algunos días hagas todas estas prácticas.
Otros días
solamente recordarás una.
Y habrá días
en los que no harás ninguna.
No
conviertas la espiritualidad en otra forma de exigencia.
No necesitas
hacerlo perfecto.
No necesitas
sentirte iluminado.
No necesitas
estar permanentemente positivo.
Solo
necesitas regresar.
Regresar a
tu respiración.
Regresar a
tu cuerpo.
Regresar al
presente.
Regresar a
tu corazón.
Regresar a
la gratitud.
Una y otra
vez.
Práctica integral: "Vivo
en gratitud"
Te propongo
cerrar este artículo con una práctica que puedes realizar diariamente.
Busca un
lugar tranquilo.
Siéntate
cómodamente.
Cierra los
ojos.
Respira
lentamente.
Paso 1: presencia
Siente tu
cuerpo.
Observa tu
respiración.
No cambies
nada.
Simplemente
permanece presente.
Paso 2: gratitud por la vida
Di:
"Gracias
por estar aquí."
Respira.
"Gracias
por este nuevo día."
Respira.
"Gracias
por la oportunidad de continuar aprendiendo."
Paso 3: gratitud por el cuerpo
Lleva las
manos al corazón.
Di:
"Gracias,
cuerpo, por acompañarme."
Respira.
Permite que
tu cuerpo reciba esas palabras.
Paso 4: gratitud por las personas
Piensa en
tres personas.
No importa
si están cerca o lejos.
Di:
"Gracias
por haber formado parte de mi camino."
Paso 5: gratitud por los aprendizajes
Piensa en
una experiencia difícil que hayas atravesado.
Sin entrar
nuevamente en el dolor, reconoce:
"Acepto
que esto formó parte de mi historia. Agradezco aquello que pude aprender."
Paso 6: gratitud por el presente
Ahora
observa tu vida actual.
No la vida
que quieres tener.
No la vida
que todavía estás construyendo.
Tu vida de
hoy.
Y pregunta:
"¿Qué
existe actualmente que merece mi gratitud?"
Deja que
aparezcan las respuestas.
Paso 7: conexión espiritual
Coloca ambas
manos sobre el corazón.
Y di:
"Me
abro a caminar con mayor conciencia.
Me permito recibir orientación desde el amor.
Confío en que puedo encontrar respuestas dentro de mí.
Reconozco la dimensión espiritual que acompaña mi camino.
Gracias por cada señal, cada aprendizaje y cada oportunidad de crecer."
Paso 8: integración
Finalmente,
respira profundamente.
Y repite:
"Hoy no
necesito que mi vida sea perfecta para sentir gratitud.
Hoy elijo reconocer la vida que ya existe en mí.
Hoy elijo vivir presente.
Hoy elijo amar.
Hoy elijo agradecer.
Hoy elijo volver a mi centro."
Permanece
unos instantes en silencio.
Y cuando
estés preparado, abre los ojos.
Vivir en gratitud es aprender
a mirar diferente
Quizás la
verdadera transformación no consiste en conseguir una vida donde nunca existan
problemas.
Quizás
consiste en desarrollar una conciencia capaz de reconocer que, incluso dentro
de una vida imperfecta, existen infinitas razones para continuar.
La gratitud
nos enseña a mirar.
A mirar
aquello que antes pasábamos por alto.
A mirar a
las personas.
A mirar
nuestro cuerpo.
A mirar
nuestro camino.
A mirar
nuestros aprendizajes.
A mirar
nuestras oportunidades.
A mirar
incluso nuestras heridas con mayor compasión.
Y cuando
nuestra mirada cambia, cambia nuestra experiencia.
No porque la
gratitud sea una fórmula mágica que obligue al universo a darnos aquello que
deseamos.
Sino porque
nos permite dejar de vivir permanentemente desde la carencia.
Nos devuelve
al presente.
Nos conecta
con nosotros mismos.
Nos ayuda a
reconocer nuestros recursos.
Nos permite
valorar lo que sí está.
Y desde ese
lugar podemos continuar creciendo.
Porque
elevar nuestra vibración no significa escapar de la realidad.
Significa
aprender a vivir nuestra realidad con mayor conciencia.
Significa
poder sentir tristeza sin convertirnos en tristeza.
Sentir miedo
sin permitir que el miedo decida toda nuestra vida.
Sentir enojo
sin perder nuestra capacidad de elegir.
Atravesar
dificultades sin olvidar que también existen momentos de luz.
Y, sobre
todo, recordar que no necesitamos esperar a que todo sea perfecto para
agradecer.
Podemos
agradecer ahora.
Por este
momento.
Por esta
respiración.
Por este
aprendizaje.
Por las
personas que nos aman.
Por las
oportunidades que todavía no vemos.
Por aquello
que estamos construyendo.
Por todo lo
que hemos superado.
Por la
posibilidad de comenzar nuevamente.
Quizás hoy
no tengas la vida que imaginaste.
Pero tienes
este día.
Tienes este
instante.
Tienes una
nueva oportunidad para elegir cómo quieres habitarlo.
Y tal vez la
próxima vez que mires alrededor puedas detenerte unos segundos y decir:
"Gracias."
No porque
todo sea perfecto.
Sino porque
estás aquí.
Porque
sigues caminando.
Porque
todavía puedes aprender.
Porque
todavía puedes amar.
Porque
todavía puedes transformar.
Porque
todavía puedes elegir.
Y porque,
mientras exista un nuevo día delante de ti, siempre existe también una nueva
oportunidad para volver al corazón.
La gratitud
no cambia solamente lo que recibimos de la vida.
Cambia la manera en que recibimos la vida.
Y cuando
aprendemos a recibirla con presencia, conciencia y amor, descubrimos que quizá
siempre hubo mucha más luz alrededor nuestro de la que habíamos aprendido a
mirar.
Gracias por llegar hasta aquí, espero que este post te haya
resultado de ayuda en tus caminos, en tus procesos; la gratitud nos ayuda a
recorrer nuestro camino con más consciencia, del presente, más aun de nuestras
propias vidas, habitarlas realmente y así reconocer que también somos
Divinidad.
Mucha Luz en tu camino.
Jorge Magallanes.
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