Cómo vivir en gratitud y mantener una alta vibración cada día




Hay momentos en nuestra vida en los que sentimos que todo está en su lugar.

Nos levantamos con energía, respiramos profundamente y sentimos que la vida tiene sentido. Podemos mirar alrededor y reconocer aquello que tenemos. Una conversación nos emociona, una canción nos conecta, una persona nos abraza, el sol entra por la ventana y, por unos instantes, sentimos algo difícil de explicar.

Sentimos gratitud.

Pero ¿qué sucede cuando llega un problema?

¿Qué ocurre cuando alguien nos decepciona, cuando algo no sale como esperábamos, cuando atravesamos una pérdida, cuando aparece el miedo, la incertidumbre o simplemente tenemos uno de esos días en los que nada parece fluir?

¿Podemos continuar viviendo en gratitud?

La verdadera práctica espiritual no consiste en sentirnos bien solamente cuando todo funciona de acuerdo con nuestros deseos.

La verdadera práctica consiste en aprender a encontrar un espacio interior de conexión incluso cuando la vida nos invita a atravesar momentos difíciles.

Vivir en gratitud no significa negar lo que nos sucede.

No significa decir que todo está bien cuando no lo está.

No significa obligarnos a sonreír cuando necesitamos llorar.

No significa repetir afirmaciones positivas para escapar de aquello que estamos sintiendo.

Vivir en gratitud significa aprender a reconocer que, incluso dentro de una experiencia desafiante, nuestra vida continúa teniendo aspectos que merecen ser vistos, sentidos y valorados.

La gratitud no elimina las dificultades.

Pero puede cambiar la manera en que las atravesamos.

Y cuando cambia nuestra manera de relacionarnos con la vida, también comienza a cambiar nuestra experiencia interna.

 

La gratitud es mucho más que decir "gracias"

Muchas personas relacionan la gratitud con una simple palabra.

"Gracias."

Pero la gratitud profunda no es solamente una expresión verbal.

Es una forma de mirar.

Es una disposición del corazón.

Es aprender a reconocer lo que existe en lugar de permanecer permanentemente enfocados en aquello que falta.

Podemos tener diez cosas maravillosas frente a nosotros y, sin embargo, pasar todo el día pensando en la única cosa que todavía no conseguimos.

Esto sucede con frecuencia.

Tenemos salud y pensamos en aquello que queremos cambiar de nuestro cuerpo.

Tenemos personas que nos aman y pensamos en quien se fue.

Tenemos un hogar y pensamos en la casa que todavía no podemos comprar.

Tenemos trabajo y pensamos en el trabajo que deseamos tener.

Tenemos un nuevo comienzo y seguimos mirando hacia atrás.

La mente tiene una tendencia natural a concentrarse en aquello que considera pendiente, amenazante o incompleto.

Por eso la gratitud necesita convertirse en una práctica consciente.

Necesitamos entrenar nuestra mirada.

Necesitamos aprender a decir:

"Hoy también hay algo bueno en mi vida que merece ser reconocido."

Y cuando empezamos a hacerlo, algo cambia.

Quizás no cambia inmediatamente nuestra realidad externa.

Pero comienza a cambiar nuestra realidad interna.

 

La gratitud no significa conformarse

Existe una confusión muy importante que necesitamos aclarar.

Estar agradecidos no significa conformarnos.

Podemos agradecer lo que tenemos y, al mismo tiempo, desear crecer.

Podemos amar nuestra vida actual y querer construir una vida diferente.

Podemos agradecer nuestro hogar y querer mudarnos.

Podemos agradecer nuestro trabajo y desear desarrollar un nuevo proyecto.

Podemos agradecer una relación y, al mismo tiempo, reconocer que necesitamos transformar determinados aspectos de ella.

La gratitud no nos pide renunciar a nuestros sueños.

Nos invita a dejar de vivir nuestros sueños desde la sensación permanente de carencia.

No es lo mismo decir:

"Cuando consiga aquello, recién entonces voy a estar bien."

que decir:

"Estoy agradecido por lo que hoy existe en mi vida y, desde este lugar, continúo caminando hacia aquello que deseo."

La segunda posición es completamente diferente.

Porque ya no estamos esperando que algo externo nos dé permiso para sentirnos completos.

Comenzamos a caminar desde una sensación de mayor presencia.

 

¿Qué significa vivir en una alta vibración?

Cuando hablamos de "alta vibración" dentro de un camino espiritual, no estamos hablando de estar felices las veinticuatro horas.

Esto es fundamental.

Una persona con una práctica espiritual profunda también puede sentir tristeza.

Puede enojarse.

Puede tener miedo.

Puede cansarse.

Puede llorar.

Puede necesitar poner límites.

Puede atravesar momentos de confusión.

La alta vibración no consiste en negar las emociones consideradas "negativas".

Consiste en aprender a relacionarnos conscientemente con nuestras emociones.

El enojo puede mostrarnos un límite que necesitamos establecer.

La tristeza puede indicarnos que necesitamos hacer un duelo.

El miedo puede mostrarnos algo que necesitamos comprender.

La frustración puede señalar una expectativa que necesita ser revisada.

La culpa puede invitarnos a reparar.

La soledad puede abrir una conversación profunda con nosotros mismos.

Por eso, elevar nuestra vibración no significa escapar de nuestra humanidad.

Significa habitar nuestra humanidad con mayor conciencia.

La verdadera elevación no ocurre cuando dejamos de sentir.

Ocurre cuando dejamos de luchar permanentemente contra aquello que sentimos.

 

La gratitud como puente entre el presente y el alma

Vivimos gran parte de nuestro tiempo pensando en lo que ocurrió o en lo que podría ocurrir.

El pasado nos lleva hacia la nostalgia, la culpa o el arrepentimiento.

El futuro nos lleva hacia la anticipación, la ansiedad o la expectativa.

Y mientras tanto, existe un lugar donde realmente está ocurriendo nuestra vida:

el presente.

La gratitud nos devuelve al presente.

Cuando decimos:

"Gracias por este momento."

estamos reconociendo que este instante existe.

Cuando decimos:

"Gracias por mi respiración."

regresamos al cuerpo.

Cuando decimos:

"Gracias por las personas que amo."

regresamos al corazón.

Cuando decimos:

"Gracias por todo lo que aprendí."

transformamos nuestra relación con el pasado.

Cuando decimos:

"Gracias por la oportunidad de comenzar nuevamente."

abrimos una puerta hacia el futuro sin necesitar controlar exactamente cómo sucederá.

La gratitud puede convertirse así en un puente.

Un puente entre nuestra mente y nuestro corazón.

Entre nuestra experiencia cotidiana y nuestra dimensión espiritual.

 

Primer ejercicio: despertar en gratitud

Una de las mejores maneras de comenzar a modificar nuestra relación con el día es cambiar los primeros pensamientos de la mañana.

Muchas personas despiertan y lo primero que hacen es mirar el teléfono.

Mensajes.

Noticias.

Redes sociales.

Problemas.

Pendientes.

Comparaciones.

Antes de haber tenido siquiera unos minutos para conectarse consigo mismas, ya están absorbiendo información externa.

Podemos crear una alternativa.

Práctica de los tres agradecimientos

Al despertar, antes de levantarte, coloca una mano sobre el corazón.

Respira lentamente.

Y reconoce tres cosas por las que puedes agradecer.

No tienen que ser grandes.

Pueden ser:

"Gracias porque estoy vivo."

"Gracias por mi respiración."

"Gracias por este nuevo día."

También puedes agradecer algo específico:

"Gracias por mi familia."

"Gracias por el trabajo que tengo."

"Gracias por la oportunidad de aprender."

"Gracias por mi hogar."

"Gracias por mi cuerpo."

"Gracias por haber superado momentos difíciles."

Después respira profundamente y di:

"Hoy elijo mirar mi vida desde la gratitud."

No necesitas sentir una emoción extraordinaria.

Simplemente comienza.

La práctica irá profundizando.

 

La gratitud por las cosas pequeñas

Una de las mayores transformaciones ocurre cuando dejamos de esperar acontecimientos extraordinarios para sentir gratitud.

Porque la vida está llena de pequeños milagros cotidianos.

El agua que bebemos.

Una ducha caliente.

El aroma del café.

Una conversación.

Una sonrisa.

El sol.

Una caminata.

Una canción.

Una comida.

Una cama donde descansar.

Un árbol.

El silencio.

Una mascota.

Una persona que nos pregunta cómo estamos.

Un mensaje inesperado.

Una oportunidad.

Una idea.

Un libro.

Una respiración consciente.

Cuando aprendemos a reconocer estas pequeñas cosas, comenzamos a experimentar la vida de otra manera.

No porque la vida haya cambiado.

Sino porque nuestra mirada cambió.

Y muchas veces, la felicidad no llega cuando conseguimos más.

Llega cuando somos capaces de reconocer mejor lo que ya existe.

 

Segundo ejercicio: el diario de gratitud consciente

Puedes utilizar un cuaderno exclusivamente para esta práctica.

Cada noche escribe cinco cosas por las que agradeces.

Pero existe una condición:

No las escribas mecánicamente.

No escribas simplemente:

"Familia."

"Trabajo."

"Salud."

Detente unos segundos y conecta con aquello que estás nombrando.

Por ejemplo:

"Hoy agradezco la conversación que tuve con mi hijo porque me permitió sentirme cerca de él."

"Hoy agradezco que pude descansar porque mi cuerpo necesitaba recuperar energía."

"Hoy agradezco el mensaje que recibí porque llegó justamente cuando necesitaba sentir compañía."

"Hoy agradezco haber podido decir que no, porque estoy aprendiendo a respetar mis límites."

La gratitud se vuelve mucho más poderosa cuando está acompañada de presencia.

 

Gratitud incluso por lo aprendido

Existe un nivel más profundo de gratitud:

agradecer aquello que nos enseñó algo.

No significa agradecer el sufrimiento en sí mismo.

No necesitamos romantizar el dolor.

Pero podemos reconocer aquello que una experiencia nos permitió comprender.

Podemos decir:

"Gracias por haberme mostrado lo que ya no quiero."

"Gracias por haberme enseñado a poner límites."

"Gracias por haberme ayudado a conocerme."

"Gracias por haber descubierto mi fortaleza."

"Gracias porque ahora sé qué necesito sanar."

"Gracias porque aprendí a elegirme."

A veces una experiencia no fue agradable.

Pero nuestra relación con ella puede transformarse.

El pasado no siempre puede modificarse.

Pero sí podemos modificar el significado que le damos.

 

La gratitud y el cuerpo

Nuestra conexión espiritual no ocurre solamente en nuestra mente.

También ocurre a través del cuerpo.

Por eso es interesante incorporar ejercicios corporales a la práctica de gratitud.

Ejercicio: agradecer al cuerpo

Cierra los ojos.

Coloca una mano sobre el pecho y otra sobre el abdomen.

Respira lentamente.

Luego lleva tu atención hacia diferentes partes del cuerpo.

Y di internamente:

"Gracias, pies, por sostenerme."

"Gracias, piernas, por llevarme."

"Gracias, manos, por permitirme crear y tocar."

"Gracias, corazón, por acompañarme."

"Gracias, pulmones, por cada respiración."

"Gracias, cuerpo, por estar conmigo cada día."

No necesitas buscar sensaciones especiales.

Simplemente escucha.

Muchas personas pasan años relacionándose con su cuerpo desde la crítica.

"Estoy demasiado gordo."

"Estoy demasiado delgado."

"No me gusta mi cuerpo."

"Esto debería ser diferente."

Esta práctica nos propone otra relación:

habitar nuestro cuerpo desde el agradecimiento.

 

Cuando aparecen los días difíciles

Aquí encontramos una de las partes más importantes de este camino.

¿Qué hacemos cuando estamos atravesando un día realmente malo?

No necesitamos obligarnos a sentir gratitud.

Primero necesitamos reconocer lo que está ocurriendo.

Podemos decir:

"Hoy estoy triste."

"Hoy tengo miedo."

"Hoy estoy cansado."

"Hoy no tengo ganas de nada."

Y eso también es conciencia.

Después podemos preguntarnos:

"¿Existe aunque sea una pequeña cosa por la que pueda agradecer hoy?"

Quizás la respuesta sea:

"Sí. Estoy respirando."

Y eso alcanza.

Tal vez:

"Hoy alguien me acompañó."

O:

"Tengo un lugar donde descansar."

O simplemente:

"Hoy tuve la valentía de levantarme."

La gratitud en los días difíciles no necesita ser enorme.

Puede ser pequeña.

Pero verdadera.

 

No necesitas mantener una vibración alta todo el tiempo

Esta idea puede resultar liberadora.

No tienes que estar vibrando alto todo el tiempo.

No eres menos espiritual porque tengas un mal día.

No estás haciendo mal tu proceso porque estés triste.

No has perdido tu conexión espiritual porque tengas miedo.

No has "bajado tu vibración" simplemente porque estás atravesando una emoción incómoda.

Eres humano.

Y ser humano implica experimentar todo un abanico emocional.

La práctica consiste en no quedarnos atrapados indefinidamente en aquello que nos duele.

Sentir.

Comprender.

Expresar.

Procesar.

Integrar.

Y volver poco a poco al centro.

La alta vibración no es una obligación.

Es una consecuencia de vivir con mayor conciencia, amor, presencia y coherencia.

 

Tercer ejercicio: la pausa consciente de gratitud

Puedes realizar esta práctica varias veces durante el día.

Detente durante un minuto.

No importa dónde estés.

Siéntate o permanece de pie.

Respira.

Observa tu cuerpo.

Mira alrededor.

Y pregúntate:

"¿Qué puedo agradecer de este momento?"

Quizás encuentres algo.

Respira nuevamente.

Y permite que ese agradecimiento se expanda.

Esta práctica es especialmente útil cuando estás atravesando estrés.

Porque interrumpe, aunque sea durante unos segundos, el piloto automático.

 

Gratitud hacia las personas

También podemos practicar gratitud hacia quienes forman parte de nuestra vida.

Pero existe algo aún más poderoso:

expresarla.

¿Cuántas veces sentimos amor por alguien y nunca se lo decimos?

¿Cuántas veces pensamos:

"Qué importante es esta persona para mí."

pero jamás lo expresamos?

No esperes una ocasión especial.

Puedes enviar un mensaje.

Puedes hacer una llamada.

Puedes abrazar.

Puedes decir:

"Gracias por estar en mi vida."

Y hacerlo desde el corazón.

No porque necesites algo.

No porque esperes algo a cambio.

Simplemente porque quieres reconocer la presencia de esa persona.

 

Cuarto ejercicio: la carta de gratitud

Elige una persona que haya sido importante en tu vida.

Puede ser alguien que actualmente esté contigo o alguien que haya formado parte de tu camino.

Escribe una carta.

No necesitas enviarla.

Comienza diciendo:

"Hoy quiero agradecerte..."

Y continúa.

Agradece lo que aprendiste.

Los momentos compartidos.

Las palabras.

Los gestos.

Incluso aquello que te ayudó a crecer.

Si la relación fue compleja, no necesitas negar el dolor.

Puedes escribir:

"También reconozco aquello que me dolió, pero agradezco lo que pude aprender de esa experiencia."

Al terminar, coloca la mano sobre el corazón y respira.

 

La gratitud hacia uno mismo

Esta puede ser una de las prácticas más difíciles.

Estamos acostumbrados a agradecer a otros.

Pero ¿cuándo fue la última vez que te agradeciste algo a ti mismo?

Gracias por haber continuado.

Gracias por haberlo intentado.

Gracias por haber aprendido.

Gracias por haber pedido ayuda.

Gracias por haberte levantado.

Gracias por haber puesto un límite.

Gracias por haber perdonado.

Gracias por haber elegido comenzar nuevamente.

Quizás hayas cometido errores.

Todos los cometemos.

Pero también has sobrevivido a momentos que alguna vez pensaste que no podrías atravesar.

Reconócelo.

 

Quinto ejercicio: "Gracias por no rendirme"

Busca un momento de silencio.

Cierra los ojos.

Recuerda una situación difícil que hayas atravesado.

No necesitas entrar profundamente en el dolor.

Simplemente reconoce que ocurrió.

Luego di:

"Gracias a mí por haber seguido adelante."

Respira.

"Gracias a mí por haber aprendido."

Respira.

"Gracias a mí por haber continuado incluso cuando no sabía cómo hacerlo."

Respira.

Y finalmente:

"Hoy elijo tratarme con más amor."

Esta práctica puede convertirse en una forma muy profunda de reconciliación interior.

 

La gratitud también puede transformar nuestra manera de pedir

Dentro de muchos caminos espirituales aprendemos a pedir.

Pedimos amor.

Abundancia.

Salud.

Trabajo.

Oportunidades.

Cambios.

Pero existe una diferencia entre pedir desde la desesperación y pedir desde la confianza.

Desde la desesperación decimos:

"Necesito esto porque si no lo consigo no voy a estar bien."

Desde la confianza podemos decir:

"Reconozco lo que deseo, doy los pasos que corresponden y confío en que la vida seguirá mostrándome el camino."

La gratitud puede acompañar nuestras intenciones.

Podemos decir:

"Gracias por todo lo que ya está llegando a mi vida, incluso aquello que todavía no puedo ver."

No como una fórmula mágica.

Sino como una manera de cultivar confianza.

 

Gratitud y desapego

La gratitud también puede ayudarnos a soltar.

Cuando agradecemos lo vivido, dejamos de necesitar que algo continúe exactamente como fue.

Podemos decir:

"Gracias por lo que vivimos."

"Gracias por lo que aprendimos."

"Gracias por lo que compartimos."

"Gracias por haber formado parte de mi historia."

Y entonces podemos permitir que algo termine.

No todo aquello que agradecemos debe permanecer.

Algunas personas llegan para acompañarnos durante un período.

Algunas experiencias llegan para enseñarnos.

Algunos lugares nos reciben durante una etapa.

Algunos ciclos necesitan cerrarse.

Agradecer también puede ser una manera de despedirnos en paz.

 

La gratitud como práctica espiritual diaria

Si realmente queremos incorporar la gratitud a nuestra vida, necesitamos convertirla en un hábito.

No basta con hacerlo una vez.

Podemos construir pequeños momentos durante el día.

Por la mañana

Pregúntate:

¿Qué agradezco de este nuevo día?

Durante el día

Pregúntate:

¿Qué está ocurriendo ahora mismo que merece ser reconocido?

Frente a una dificultad

Pregúntate:

¿Qué puedo aprender de esto?

Antes de dormir

Pregúntate:

¿Qué regalo me dejó este día?

No necesariamente tiene que ser algo extraordinario.

Quizás el regalo fue simplemente haber podido descansar.

 

Una práctica de conexión con tus Guías y Maestros

Desde una mirada espiritual, muchas personas sienten que nunca están completamente solas.

La conexión con nuestros Guías y Maestros puede vivirse desde el silencio, la oración, la meditación o simplemente desde una disposición interior de escucha.

No necesitamos forzar señales.

No necesitamos buscar mensajes en cada acontecimiento.

Podemos comenzar desde algo mucho más sencillo:

la presencia.

Siéntate cómodamente.

Cierra los ojos.

Respira profundamente tres veces.

Coloca tus manos sobre el corazón.

Y di:

"Abro este momento desde el amor y el respeto.
Reconozco que existe una dimensión espiritual que me acompaña.
Pido claridad para escuchar aquello que necesite comprender.
Que solamente aquello que venga desde el amor, la luz y el bienestar encuentre espacio en mi conciencia.
Gracias por acompañarme.
Gracias por sostenerme.
Gracias por ayudarme a recordar que nunca camino completamente solo."

Después permanece en silencio durante unos minutos.

No busques escuchar una voz.

No busques necesariamente una imagen.

Simplemente observa.

Quizás aparezca una sensación.

Un pensamiento.

Una emoción.

Una palabra.

Una tranquilidad.

O nada.

Y también está bien.

La espiritualidad no necesita convertirse en una prueba.

Puede ser simplemente un espacio de encuentro interior.

 

Sexto ejercicio: caminar en gratitud

Esta práctica es muy sencilla y poderosa.

Cuando salgas a caminar, intenta hacerlo sin teléfono durante unos minutos.

Observa.

Mira el cielo.

Los árboles.

Las personas.

Los sonidos.

La luz.

Tu respiración.

Mientras caminas, repite mentalmente:

"Gracias."

No necesitas explicar por qué.

Simplemente:

"Gracias."

Con cada paso.

Gracias.

Gracias.

Gracias.

Después de unos minutos, observa cómo se siente tu cuerpo.

Quizás descubras que la gratitud puede experimentarse físicamente.

Como una sensación de apertura.

Como una respiración más profunda.

Como una relajación.

Como una sensación de presencia.

 

Cuando la mente vuelve a la preocupación

La mente puede volver rápidamente a sus viejos patrones.

Por eso no debemos esperar que una práctica de gratitud elimine nuestros pensamientos.

La mente pensará.

Eso es lo que hace.

La práctica consiste en aprender a elegir dónde colocamos nuestra atención.

Puedes imaginar que tu atención es como una linterna.

Aquello que iluminas se vuelve más visible.

Si permanentemente iluminas tus problemas, sentirás que los problemas ocupan todo el espacio.

Si también aprendes a iluminar aquello que funciona, aquello que amas, aquello que has aprendido y aquello que agradeces, tu experiencia comienza a ampliarse.

No desaparece lo difícil.

Pero deja de ser lo único que puedes ver.

 

Siete afirmaciones para elevar tu energía

Puedes repetirlas por la mañana o durante una meditación.

1.
"Hoy elijo mirar mi vida desde la gratitud."

2.
"Reconozco todo aquello que ya existe y merece ser valorado."

3.
"Permito que mi corazón se abra a recibir y agradecer."

4.
"Honro mis emociones y me permito atravesarlas con conciencia."

5.
"Confío en mi camino y en los aprendizajes que la vida me ofrece."

6.
"Soy capaz de volver a mi centro cada vez que me alejo de él."

7.
"Gracias por la vida, gracias por este momento y gracias por la oportunidad de seguir aprendiendo."

 

La gratitud no necesita perfección

Quizás algunos días hagas todas estas prácticas.

Otros días solamente recordarás una.

Y habrá días en los que no harás ninguna.

No conviertas la espiritualidad en otra forma de exigencia.

No necesitas hacerlo perfecto.

No necesitas sentirte iluminado.

No necesitas estar permanentemente positivo.

Solo necesitas regresar.

Regresar a tu respiración.

Regresar a tu cuerpo.

Regresar al presente.

Regresar a tu corazón.

Regresar a la gratitud.

Una y otra vez.

 

Práctica integral: "Vivo en gratitud"

Te propongo cerrar este artículo con una práctica que puedes realizar diariamente.

Busca un lugar tranquilo.

Siéntate cómodamente.

Cierra los ojos.

Respira lentamente.


Paso 1: presencia

Siente tu cuerpo.

Observa tu respiración.

No cambies nada.

Simplemente permanece presente.


Paso 2: gratitud por la vida

Di:

"Gracias por estar aquí."

Respira.

"Gracias por este nuevo día."

Respira.

"Gracias por la oportunidad de continuar aprendiendo."


Paso 3: gratitud por el cuerpo

Lleva las manos al corazón.

Di:

"Gracias, cuerpo, por acompañarme."

Respira.

Permite que tu cuerpo reciba esas palabras.


Paso 4: gratitud por las personas

Piensa en tres personas.

No importa si están cerca o lejos.

Di:

"Gracias por haber formado parte de mi camino."


Paso 5: gratitud por los aprendizajes

Piensa en una experiencia difícil que hayas atravesado.

Sin entrar nuevamente en el dolor, reconoce:

"Acepto que esto formó parte de mi historia. Agradezco aquello que pude aprender."


Paso 6: gratitud por el presente

Ahora observa tu vida actual.

No la vida que quieres tener.

No la vida que todavía estás construyendo.

Tu vida de hoy.

Y pregunta:

"¿Qué existe actualmente que merece mi gratitud?"

Deja que aparezcan las respuestas.


Paso 7: conexión espiritual

Coloca ambas manos sobre el corazón.

Y di:

"Me abro a caminar con mayor conciencia.
Me permito recibir orientación desde el amor.
Confío en que puedo encontrar respuestas dentro de mí.
Reconozco la dimensión espiritual que acompaña mi camino.
Gracias por cada señal, cada aprendizaje y cada oportunidad de crecer."


Paso 8: integración

Finalmente, respira profundamente.

Y repite:

"Hoy no necesito que mi vida sea perfecta para sentir gratitud.
Hoy elijo reconocer la vida que ya existe en mí.
Hoy elijo vivir presente.
Hoy elijo amar.
Hoy elijo agradecer.
Hoy elijo volver a mi centro."

Permanece unos instantes en silencio.

Y cuando estés preparado, abre los ojos.

 

Vivir en gratitud es aprender a mirar diferente

Quizás la verdadera transformación no consiste en conseguir una vida donde nunca existan problemas.

Quizás consiste en desarrollar una conciencia capaz de reconocer que, incluso dentro de una vida imperfecta, existen infinitas razones para continuar.

La gratitud nos enseña a mirar.

A mirar aquello que antes pasábamos por alto.

A mirar a las personas.

A mirar nuestro cuerpo.

A mirar nuestro camino.

A mirar nuestros aprendizajes.

A mirar nuestras oportunidades.

A mirar incluso nuestras heridas con mayor compasión.

Y cuando nuestra mirada cambia, cambia nuestra experiencia.

No porque la gratitud sea una fórmula mágica que obligue al universo a darnos aquello que deseamos.

Sino porque nos permite dejar de vivir permanentemente desde la carencia.

Nos devuelve al presente.

Nos conecta con nosotros mismos.

Nos ayuda a reconocer nuestros recursos.

Nos permite valorar lo que sí está.

Y desde ese lugar podemos continuar creciendo.

Porque elevar nuestra vibración no significa escapar de la realidad.

Significa aprender a vivir nuestra realidad con mayor conciencia.

Significa poder sentir tristeza sin convertirnos en tristeza.

Sentir miedo sin permitir que el miedo decida toda nuestra vida.

Sentir enojo sin perder nuestra capacidad de elegir.

Atravesar dificultades sin olvidar que también existen momentos de luz.

Y, sobre todo, recordar que no necesitamos esperar a que todo sea perfecto para agradecer.

Podemos agradecer ahora.

Por este momento.

Por esta respiración.

Por este aprendizaje.

Por las personas que nos aman.

Por las oportunidades que todavía no vemos.

Por aquello que estamos construyendo.

Por todo lo que hemos superado.

Por la posibilidad de comenzar nuevamente.

Quizás hoy no tengas la vida que imaginaste.

Pero tienes este día.

Tienes este instante.

Tienes una nueva oportunidad para elegir cómo quieres habitarlo.

Y tal vez la próxima vez que mires alrededor puedas detenerte unos segundos y decir:

"Gracias."

No porque todo sea perfecto.

Sino porque estás aquí.

Porque sigues caminando.

Porque todavía puedes aprender.

Porque todavía puedes amar.

Porque todavía puedes transformar.

Porque todavía puedes elegir.

Y porque, mientras exista un nuevo día delante de ti, siempre existe también una nueva oportunidad para volver al corazón.

La gratitud no cambia solamente lo que recibimos de la vida.
Cambia la manera en que recibimos la vida.

Y cuando aprendemos a recibirla con presencia, conciencia y amor, descubrimos que quizá siempre hubo mucha más luz alrededor nuestro de la que habíamos aprendido a mirar.

 

Gracias por llegar hasta aquí, espero que este post te haya resultado de ayuda en tus caminos, en tus procesos; la gratitud nos ayuda a recorrer nuestro camino con más consciencia, del presente, más aun de nuestras propias vidas, habitarlas realmente y así reconocer que también somos Divinidad.

Mucha Luz en tu camino.

Jorge Magallanes.


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