Abundancia: qué es realmente, cómo conectar con ella y ejercicios para vivir desde un lugar de plenitud




Hablar de abundancia puede despertar sensaciones muy diferentes.

Para algunas personas, la palabra abundancia está relacionada inmediatamente con el dinero, el éxito, una casa más grande, viajes, oportunidades o una vida en la que nada parece faltar. Para otras, tiene un significado más espiritual: sentirse conectadas con la vida, confiar, agradecer, disfrutar de lo que tienen y experimentar una sensación interna de plenitud.

Y quizás la abundancia sea mucho más amplia que todo eso.

Porque podemos tener dinero y sentirnos profundamente carentes. Podemos alcanzar objetivos y seguir pensando que nunca es suficiente. Podemos recibir amor y, aun así, vivir con miedo a perderlo. Podemos tener oportunidades delante de nosotros y no ser capaces de verlas porque nuestra atención está permanentemente enfocada en aquello que falta.

Entonces aparece una pregunta importante:

¿Qué es realmente la abundancia?

Quizás la abundancia no consista solamente en tener más, sino en aprender a reconocer, recibir, disfrutar y expandir aquello que ya está presente en nuestra vida.

La abundancia tiene que ver con una sensación interna de posibilidad.

Con dejar de vivir permanentemente desde el miedo a que algo se termine.

Con comprender que nuestro valor no depende de cuánto tenemos.

Con permitirnos recibir.

Con aprender a mirar nuestra vida desde un lugar diferente.

Y, sobre todo, con dejar de confundir abundancia con acumulación.

 

La abundancia no significa tenerlo todo

Vivimos en una cultura que muchas veces nos enseña que la abundancia consiste en conseguir más.

Más dinero.

Más reconocimiento.

Más seguidores.

Más propiedades.

Más experiencias.

Más productividad.

Más éxito.

Más cosas.

El problema aparece cuando convertimos ese “más” en una condición para sentirnos bien.

Porque si nuestra sensación de bienestar depende constantemente de conseguir algo que todavía no tenemos, nuestra mente queda atrapada en una especie de espera permanente.

“Cuando tenga más dinero, voy a estar tranquilo.”

“Cuando consiga ese trabajo, voy a sentirme realizado.”

“Cuando encuentre pareja, voy a ser feliz.”

“Cuando tenga mi propia casa, voy a poder disfrutar.”

“Cuando consiga determinado objetivo, finalmente voy a sentir que llegué.”

Y cuando llegamos, muchas veces aparece otro objetivo.

Entonces volvemos a esperar.

La vida se transforma en una sucesión de condiciones.

La abundancia, en cambio, puede comenzar cuando dejamos de posponer nuestra capacidad de disfrutar hasta que nuestra realidad sea exactamente como imaginamos.

Esto no significa conformarnos.

No significa dejar de crecer.

No significa renunciar a nuestros sueños.

Y tampoco significa negar las dificultades económicas, emocionales o materiales que podamos estar atravesando.

Significa algo diferente:

podemos desear más sin despreciar lo que ya tenemos.

Podemos querer crecer sin sentir que nuestra vida actual es insuficiente.

Podemos tener objetivos ambiciosos y, al mismo tiempo, reconocer todo aquello que ya existe.

Ahí comienza una relación mucho más sana con la abundancia.

 

La diferencia entre querer más y sentir que nunca es suficiente

Hay una diferencia enorme entre decir:

“Quiero más”

y decir:

“Lo que tengo nunca es suficiente”.

Desde afuera pueden parecer exactamente lo mismo.

Pero internamente son experiencias completamente diferentes.

La primera nace de la expansión.

La segunda nace de la carencia.

Cuando quiero crecer desde la abundancia, puedo reconocer:

“Esto está bien y quiero explorar qué más es posible.”

Cuando vivo desde la carencia, aparece:

“Esto no alcanza. Necesito conseguir algo diferente para poder estar bien.”

Una misma acción puede surgir de lugares internos completamente distintos.

Podemos querer ganar más dinero porque tenemos un proyecto que nos entusiasma.

O podemos obsesionarnos con ganar más porque sentimos que nuestro valor depende de cuánto dinero tenemos.

Podemos querer mejorar nuestra casa porque deseamos crear un espacio agradable.

O podemos sentir que nuestra casa no vale nada porque la comparamos constantemente con la de otras personas.

Podemos querer desarrollar nuestro negocio porque disfrutamos creando.

O podemos trabajar sin descanso porque creemos que solamente seremos valiosos cuando alcancemos determinado nivel de éxito.

La pregunta no siempre es qué estamos buscando.

A veces la pregunta más importante es:

¿Desde dónde lo estamos buscando?

 

La abundancia comienza en nuestra atención

Hay algo que hacemos constantemente sin darnos cuenta: elegimos dónde colocar nuestra atención.

Podemos entrar en una habitación y ver inmediatamente aquello que está desordenado.

O podemos notar la luz entrando por la ventana.

Podemos mirar nuestra semana y pensar en todo lo que salió mal.

O podemos reconocer también las pequeñas cosas que funcionaron.

Podemos observar nuestra vida desde lo que falta.

O desde lo que está.

Esto no significa que debamos ignorar los problemas.

La mirada abundante no consiste en repetir frases positivas mientras hacemos como si nada ocurriera.

Eso sería negar nuestra realidad.

La verdadera abundancia implica poder mirar la realidad completa.

Ver lo que duele.

Reconocer lo que falta.

Aceptar lo que todavía no sabemos.

Y, al mismo tiempo, ser capaces de percibir lo que sí existe.

Porque aquello a lo que prestamos atención comienza a ocupar más espacio en nuestra experiencia.

Si todos los días entrenamos nuestra mente para encontrar problemas, comparación, insuficiencia y amenaza, será cada vez más fácil encontrarlos.

Si entrenamos nuestra atención para reconocer recursos, oportunidades, vínculos, aprendizajes, belleza y posibilidades, también empezaremos a percibirlos con mayor facilidad.

No porque mágicamente aparezcan.

Sino porque finalmente estamos mirando.

 

La abundancia también es capacidad de recibir

Hay personas que saben dar muchísimo, pero tienen enormes dificultades para recibir.

Dan amor.

Dan tiempo.

Dan ayuda.

Dan consejos.

Dan energía.

Dan oportunidades.

Pero cuando alguien quiere ofrecerles algo, aparece incomodidad.

“Yo puedo solo.”

“No hacía falta.”

“No quiero molestarte.”

“No quiero deberle nada a nadie.”

A veces incluso rechazamos aquello que deseamos porque recibir nos hace sentir vulnerables.

Sin embargo, recibir también forma parte del movimiento natural de la vida.

Existe un momento para dar y existe un momento para recibir.

Respiramos y luego soltamos el aire.

El corazón recibe y entrega.

La naturaleza funciona a través de ciclos.

La abundancia no es solamente generar.

También es permitir que algo llegue.

Y esto puede ser mucho más difícil de lo que parece.

Por eso, un ejercicio sencillo consiste en comenzar a aceptar pequeños gestos sin justificarnos.

Si alguien nos felicita, en lugar de responder inmediatamente “no es para tanto”, podemos decir:

“Gracias.”

Si alguien quiere ayudarnos, podemos permitirlo.

Si alguien nos ofrece un regalo, podemos recibirlo sin sentir que necesitamos compensarlo inmediatamente.

Si alguien reconoce nuestro trabajo, podemos permitir que ese reconocimiento entre.

Recibir también se practica.

 

¿Y qué ocurre con el dinero?

Hablar de abundancia sin hablar de dinero puede ser una forma de evitar una parte importante del tema.

El dinero es un recurso.

Y nuestra relación con él puede estar atravesada por creencias, miedos, experiencias familiares y aprendizajes adquiridos durante muchos años.

Algunas personas han aprendido que hablar de dinero es incómodo.

Otras han aprendido que el dinero es peligroso.

Otras que las personas ricas son egoístas.

Otras que nunca tendrán suficiente.

Otras que ganar dinero requiere sacrificarse permanentemente.

Otras que tener dinero es la única manera de estar seguras.

Todas esas ideas pueden influir en nuestras decisiones.

Por eso, conectar con la abundancia económica no consiste simplemente en repetir:

“Soy millonario.”

La relación con el dinero puede transformarse mucho más cuando empezamos a observar nuestras creencias.

Podemos preguntarnos:

¿Qué aprendí sobre el dinero cuando era pequeño?

¿Qué frases escuchaba en mi familia?

¿Qué pienso de las personas que tienen mucho dinero?

¿Qué siento cuando cobro por mi trabajo?

¿Me resulta fácil pedir lo que vale mi trabajo?

¿Puedo ahorrar sin sentir miedo?

¿Puedo gastar en algo que disfruto sin culpa?

¿Qué significa para mí tener suficiente?

Estas preguntas pueden revelar mucho más que cualquier afirmación positiva.

Porque la abundancia también consiste en construir una relación consciente con los recursos que tenemos.

 

Abundancia no es negar la escasez

Existe una idea que conviene revisar: que pensar abundantemente significa negar cualquier dificultad.

No.

Si una persona tiene deudas, ignorarlas no es abundancia.

Si alguien tiene problemas económicos, repetir que “el universo proveerá” no reemplaza la necesidad de tomar decisiones concretas.

Si necesitamos aprender una habilidad, visualizar el resultado no sustituye el aprendizaje.

Si queremos cambiar nuestra situación, necesitamos actuar.

La abundancia no debería utilizarse como una excusa para evitar la realidad.

Al contrario.

Una mentalidad de abundancia puede ayudarnos a mirar una situación difícil sin convertirla en una sentencia definitiva.

“No tengo esto ahora” es diferente de:

“Jamás podré tenerlo.”

“No sé cómo hacerlo todavía” es diferente de:

“No soy capaz.”

“Estoy atravesando una dificultad” es diferente de:

“Mi vida siempre será así.”

La abundancia abre espacio para la posibilidad.

No garantiza resultados.

Pero cambia nuestra relación con aquello que todavía no sabemos.

 

El lenguaje de la carencia

Una forma muy poderosa de comenzar a observar nuestra relación con la abundancia es prestar atención a nuestro lenguaje.

Durante algunos días, escucha las frases que dices.

“Es que no tengo tiempo.”

“No puedo.”

“Eso es para otros.”

“Nunca me pasa nada bueno.”

“Siempre me falta dinero.”

“Yo no tengo suerte.”

“No hay oportunidades.”

“Todo está cada vez peor.”

“No puedo permitirme eso.”

“Es imposible.”

Quizás algunas de estas frases describan una realidad concreta.

Pero otras pueden haberse convertido en respuestas automáticas.

El objetivo no es obligarnos a pensar de manera positiva.

Es aprender a diferenciar entre una descripción objetiva y una interpretación automática.

Por ejemplo:

“No puedo permitirme este gasto este mes”

es una afirmación concreta.

“No puedo tener nunca lo que deseo”

es una generalización.

“No sé cómo conseguir esto todavía”

abre una posibilidad.

“No puedo hacerlo”

la cierra.

El lenguaje que utilizamos no cambia mágicamente la realidad, pero sí puede influir en las preguntas que nos hacemos y en las acciones que estamos dispuestos a considerar.

 

Ejercicio 1: el inventario de abundancia

Este es uno de los ejercicios más sencillos y, al mismo tiempo, más transformadores.

Busca un cuaderno.

Escribe la fecha.

Y durante diez minutos realiza un inventario de todo aquello que ya está presente en tu vida.

No pienses solamente en cosas materiales.

Puedes escribir:

·         Personas que te quieren.

·         Personas a las que quieres.

·         Habilidades que has desarrollado.

·         Experiencias que has vivido.

·         Lugares que has conocido.

·         Conocimientos que tienes.

·         Tiempo que puedes disfrutar.

·         Momentos de tranquilidad.

·         Tu cuerpo y todo aquello que te permite hacer.

·         Una conversación agradable.

·         Una comida que disfrutaste.

·         Un techo.

·         Una cama.

·         Un libro.

·         Música.

·         Naturaleza.

·         Una oportunidad.

·         Un proyecto.

·         Una idea.

·         Una segunda oportunidad.

·         Algo que aprendiste de una experiencia difícil.

El objetivo no es hacer una lista bonita.

Es entrenar la capacidad de reconocer.

Porque muchas veces la abundancia ya está presente, pero nuestra atención está ocupada buscando aquello que todavía falta.

 

Ejercicio 2: cambiar “me falta” por “estoy creando”

Este ejercicio puede modificar nuestra relación con los objetivos.

Toma algo que actualmente sientas que te falta.

Por ejemplo:

“Me falta dinero.”

Ahora reformúlalo:

“Estoy aprendiendo a gestionar mejor mi dinero.”

O:

“Estoy construyendo nuevas fuentes de ingresos.”

Si buscas trabajo:

“Me falta trabajo.”

puede transformarse en:

“Estoy explorando nuevas oportunidades laborales.”

Si quieres aprender algo:

“No sé hacerlo.”

puede convertirse en:

“Estoy aprendiendo a hacerlo.”

No se trata de mentirnos.

Se trata de incluir el movimiento.

La carencia tiende a presentar nuestra realidad como una fotografía definitiva.

La abundancia nos recuerda que nuestra vida también es un proceso.

 

Ejercicio 3: practicar el “suficiente”

Vivimos en una época que constantemente nos dice que necesitamos más.

Por eso es importante recuperar una palabra que puede resultar revolucionaria:

suficiente.

Pregúntate:

¿Qué significa para mí tener suficiente?

¿Cuánto dinero necesito realmente para vivir como deseo?

¿Cuánto tiempo necesito trabajar?

¿Cuántas cosas necesito poseer?

¿Cuántas personas necesito que me validen?

¿Cuánto reconocimiento necesito?

¿Cuánto tengo que demostrar?

Quizás descubras que algunas de tus metas no nacen de tus verdaderos deseos, sino de expectativas externas.

Definir qué significa “suficiente” no significa renunciar a la expansión.

Significa evitar que el crecimiento se convierta en una carrera sin línea de llegada.

Porque si no sabemos qué es suficiente, ninguna cantidad será suficiente.

 

Ejercicio 4: agradecer de manera específica

La gratitud puede convertirse fácilmente en una palabra vacía.

“Estoy agradecido por todo.”

Y seguimos con nuestro día.

Una práctica mucho más profunda consiste en ser específicos.

Cada noche, escribe tres cosas por las que estás agradecido.

Pero agrega una segunda pregunta:

¿Por qué?

Por ejemplo:

“Estoy agradecido por mi amigo.”

¿Por qué?

“Porque hoy me escuchó cuando necesitaba hablar.”

“Estoy agradecido por mi trabajo.”

¿Por qué?

“Porque me permitió resolver una situación que hace un año no sabía manejar.”

“Estoy agradecido por mi casa.”

¿Por qué?

“Porque esta mañana pude sentarme tranquilamente a tomar un café mientras entraba el sol.”

La especificidad obliga a nuestra atención a regresar a la experiencia.

Y ahí es donde la práctica se vuelve poderosa.

 

Ejercicio 5: recibir sin devolver inmediatamente

Durante una semana, practica recibir.

Cada vez que alguien te ofrezca algo —un cumplido, una ayuda, un regalo, una invitación, una oportunidad— intenta no rechazarlo automáticamente.

Simplemente di:

“Gracias.”

Observa qué aparece.

¿Incomodidad?

¿Culpa?

¿Sensación de deuda?

¿Necesidad de devolver inmediatamente?

¿Miedo a parecer egoísta?

No necesitas cambiar nada.

Solo observa.

A veces descubrimos que nuestro problema no es la falta de abundancia.

Es nuestra dificultad para permitir que la abundancia entre.

 

Ejercicio 6: el mapa de recursos

Cuando estamos atravesando un problema, nuestra mente suele enfocarse en lo que no sabemos o no tenemos.

Este ejercicio consiste en hacer lo contrario.

Escribe en el centro de una hoja un objetivo que quieras alcanzar.

Después crea cuatro áreas alrededor:

Personas.

¿Quién podría ayudarme, enseñarme, conectarme con alguien o simplemente escucharme?

Conocimientos.

¿Qué sé ya?

¿Qué necesito aprender?

¿Dónde podría encontrar esa información?

Recursos.

¿Qué dinero, herramientas, tiempo, espacios o materiales tengo disponibles?

Posibilidades.

¿Qué alternativas todavía no he considerado?

Este ejercicio transforma la pregunta:

“¿Cómo voy a conseguir todo esto?”

en:

“¿Con qué cuento y qué puedo hacer con ello?”

La segunda pregunta suele abrir muchas más puertas.

 

Ejercicio 7: caminar desde la abundancia

Sal a caminar durante veinte minutos sin escuchar música ni podcasts.

Tu única tarea será observar.

Busca cinco cosas bonitas.

Cinco sonidos.

Cinco colores.

Cinco detalles que normalmente pasarías por alto.

Observa una planta.

Una persona.

La arquitectura.

El cielo.

La luz.

Los árboles.

Una conversación.

Un perro corriendo.

Una ventana.

No necesitas encontrar nada extraordinario.

El ejercicio consiste en recordar que la vida está llena de estímulos que nuestra atención filtra constantemente.

La abundancia también puede ser aprender a percibir.

 

Ejercicio 8: visualización sin obsesión

La visualización puede ser útil cuando no la utilizamos como una garantía mágica de resultados.

Cierra los ojos y piensa en una situación que deseas crear.

Pero no te concentres solamente en el resultado.

Pregúntate:

¿Cómo quiero sentirme?

¿Qué tipo de persona necesito ser para sostener esa realidad?

¿Qué hábitos tendría?

¿Qué decisiones tomaría?

¿Qué tendría que aprender?

¿Qué tendría que dejar atrás?

Después abre los ojos y escribe una acción concreta que puedas realizar hoy.

Esta última parte es fundamental.

La visualización puede inspirar.

La acción construye.


Ejercicio 9: celebrar lo pequeño

Nuestra mente tiene una tendencia muy particular: rápidamente convierte los logros en algo normal.

Consigues algo que deseabas durante meses.

Lo disfrutas un momento.

Y después aparece otro objetivo.

Por eso, practica celebrar.

No necesitas hacer una fiesta.

Puedes detenerte y reconocer:

“Esto lo hice.”

“Esto antes no sabía hacerlo.”

“Esto me costó.”

“Esto es importante para mí.”

La celebración no es arrogancia.

Es integración.

Nos permite registrar el camino recorrido.

Porque una persona que nunca se permite reconocer sus avances puede sentir que siempre está empezando desde cero.

 

Ejercicio 10: dar desde la abundancia

Existe otra paradoja interesante.

Cuando sentimos que tenemos poco, podemos aferrarnos desesperadamente a lo poco que poseemos.

Pero dar, cuando nace de un lugar consciente, puede ayudarnos a recordar que también somos capaces de generar valor.

Dar no significa regalar dinero que necesitamos.

Puedes dar tiempo.

Atención.

Conocimiento.

Una recomendación.

Una palabra amable.

Una oportunidad.

Escucha.

Presencia.

Ayuda.

El ejercicio consiste en hacer algo generoso sin esperar inmediatamente una devolución.

Y después observar cómo te sientes.

La abundancia también tiene una dimensión relacional.

No se trata solamente de cuánto recibimos.

También de cuánto podemos aportar.

 

La abundancia y la comparación

Una de las mayores enemigas de la sensación de abundancia es la comparación permanente.

Porque siempre habrá alguien que tenga más.

Más dinero.

Más belleza.

Más seguidores.

Más éxito.

Más viajes.

Más reconocimiento.

Más oportunidades.

Si utilizamos la vida de otra persona como medida de nuestro valor, prácticamente estamos diseñando una experiencia de insuficiencia permanente.

La comparación puede ser útil cuando la utilizamos para aprender.

Pero se vuelve destructiva cuando la utilizamos para determinar cuánto valemos.

Una pregunta interesante es:

¿Estoy mirando la vida de otra persona para inspirarme o para castigarme?

La respuesta puede decirnos mucho.

 

La abundancia y el tiempo

También podemos vivir desde la escasez de tiempo.

“Estoy perdiendo tiempo.”

“No tengo tiempo para nada.”

“Cuando tenga tiempo, voy a descansar.”

Y nuevamente aparece la idea de que la vida empezará después.

Después del proyecto.

Después del trabajo.

Después de resolver el problema.

Después de alcanzar el objetivo.

Pero nuestra vida no está esperando.

Está sucediendo ahora.

Esto no significa que tengamos que abandonar nuestras responsabilidades y vivir improvisando.

Significa aprender a introducir pequeños espacios de presencia en nuestra vida cotidiana.

Tomar un café sin mirar el teléfono.

Caminar sin prisa.

Conversar mirando a los ojos.

Comer prestando atención.

Sentarnos cinco minutos sin producir nada.

Descansar sin sentir que necesitamos justificarlo.

El descanso también es parte de una vida abundante.

 

La abundancia no elimina el miedo

Quizás una de las mayores confusiones sea pensar que vivir desde la abundancia significa dejar de sentir miedo.

No.

Podemos sentir miedo y, al mismo tiempo, actuar desde la posibilidad.

Podemos tener dudas y avanzar.

Podemos sentir incertidumbre y confiar parcialmente.

Podemos no saber qué va a ocurrir y aun así dar el siguiente paso.

La abundancia no es ausencia de miedo.

Es no permitir que el miedo tenga siempre la última palabra.

Porque esperar a sentirnos completamente seguros antes de actuar puede significar esperar toda la vida.

 

Crear una relación más sana con nuestros deseos

También es importante hablar de los deseos.

No necesitamos convertirnos en personas que “no desean nada” para vivir en abundancia.

Desear es humano.

Queremos amar.

Crear.

Viajar.

Aprender.

Construir.

Mejorar.

Experimentar.

Crecer.

El problema aparece cuando convertimos el deseo en una condición:

“Cuando tenga esto, entonces estaré bien.”

Podemos cambiar la relación.

En lugar de:

“Necesito esto para sentirme completo.”

Podemos decir:

“Me gustaría experimentar esto y voy a trabajar para construirlo.”

La primera frase entrega nuestro bienestar al resultado.

La segunda nos permite disfrutar también del proceso.

 

Una rutina diaria para conectar con la abundancia

Si quieres convertir todo esto en una práctica concreta, puedes comenzar con una rutina de apenas quince minutos.

Por la mañana:

Durante dos minutos, respira profundamente y pregúntate:

“¿Qué ya está bien en mi vida?”

Después escribe tres cosas.

A continuación, pregúntate:

“¿Qué quiero crear hoy?”

Elige una sola acción concreta.

Durante el día:

Practica recibir.

Cuando alguien te dé algo, responde simplemente:

“Gracias.”

Además, intenta detectar tres momentos de abundancia.

Puede ser una conversación, una oportunidad, un paisaje, una comida, una idea o simplemente un momento de tranquilidad.

Por la noche:

Escribe:

·         Tres cosas que agradeces.

·         Una cosa que aprendiste.

·         Una acción que realizaste bien.

·         Una cosa que quieres seguir construyendo.

No necesitas hacerlo perfectamente.

Lo importante es la repetición.


La abundancia como una forma de relacionarnos con la vida

Quizás después de todo esto podamos mirar la abundancia desde un lugar diferente.

No como una cantidad.

No como una cuenta bancaria.

No como una colección de objetos.

No como una fórmula mágica.

Sino como una relación.

La relación que tenemos con lo que recibimos.

Con lo que damos.

Con nuestros deseos.

Con nuestros recursos.

Con nuestro tiempo.

Con nuestro cuerpo.

Con nuestras relaciones.

Con nuestras posibilidades.

Con aquello que todavía no sabemos atravesando una etapa de limitaciones y, sin embargo, experimentar momentos profundos de conexión, gratitud, creatividad y.

Una persona puede tener muchísimo y sentirse pobre interiormente.

Otra puede estar atravesando una etapa de limitaciones y, sin embargo, experimentar momentos profundos de conexión, gratitud, creatividad y esperanza.

Esto no significa romantizar la dificultad.

La falta de recursos reales importa.

Las condiciones materiales importan.

El dinero importa.

Las oportunidades importan.

Y trabajar para mejorar nuestras circunstancias es completamente válido.

Pero hay algo que podemos empezar a construir incluso antes de que cambien todas nuestras circunstancias externas:

nuestra capacidad para reconocer el valor de nuestra vida actual y participar conscientemente en la vida que queremos crear.

 

Quizás la abundancia ya esté comenzando

Tal vez la pregunta no sea:

“¿Cuándo voy a tener abundancia?”

Tal vez sea:

“¿Dónde puedo reconocerla hoy?”

En una conversación.

En una idea.

En una habilidad.

En una persona.

En una posibilidad.

En una segunda oportunidad.

En un aprendizaje.

En un momento de calma.

En el hecho de estar aquí comenzamos a reconocer que abundancia también es tener la capacidad de mirar, aprender.

En todo aquello que todavía podemos crear.

Porque cuando vivimos obsesionados con aquello que falta, podemos pasar por alto los recursos que ya tenemos para construir lo que deseamos.

La abundancia no significa que nunca falte nada.

Significa aprender a vivir sin convertir cada falta en una definición de nosotros mismos.

No tener algo hoy no significa que nunca podamos tenerlo.

No saber algo no significa que no podamos aprenderlo.

Haber perdido una oportunidad no significa que todas las oportunidades hayan desaparecido.

Estar atravesando una etapa difícil no significa que nuestra historia haya terminado.

Y querer más no significa que debamos despreciar lo que ya existe.

Quizás una de las formas más profundas de abundancia sea poder mirar nuestra vida y decir:

“Esto es lo que tengo hoy. Lo reconozco. Lo agradezco. Lo disfruto. Y desde aquí, sigo creando.”

Ahí hay algo poderoso.

Porque dejamos de esperar a que la vida sea perfecta para sentir que podemos participar de ella.

Dejamos de poner nuestra felicidad completamente en el futuro.

Dejamos de medir nuestro valor por lo que todavía no conseguimos.

Y comenzamos a reconocer que abundancia también es tener la capacidad de mirar, aprender, recibir, compartir, crear y volver a intentarlo.

Quizás no se trate de atraer una vida completamente diferente.

Quizás se trate primero de aprender a mirar de otra manera la vida que ya tenemos.

Y desde esa nueva mirada, tomar decisiones diferentes.

Abrirnos a posibilidades diferentes.

Relacionarnos de otra manera con el dinero.

Con nuestro tiempo.

Con nuestros deseos.

Con nuestras relaciones.

Con abundancia y rituales/prácticas diarias, manteniendo el enfoque profundo y nosotros mismos.

Porque la abundancia no es solamente algo que esperamos encontrar al final del camino.

También puede ser una manera de caminar.

 

Espero que este post resuene contigo, el tema de la abundancia es un tema más que actual, que muchas veces necesitamos transformar su significado y así reconocernos como Seres que ya somos parte intrínseca de la Abundancia misma; pues somos también Divinidades en una experiencia humana.

Saludos, mucha luz, abundancia, para sus vidas.

Jorge Magallanes. 

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