Cómo utilizarla, reconocer su poder y soltar los
límites que hemos creado alrededor de ella
Hay momentos
en la vida en los que sentimos que necesitamos detenernos.
No porque
hayamos dejado de avanzar, sino porque algo dentro de nosotros nos pide
regresar al centro.
Vivimos
rodeados de estímulos, obligaciones, pensamientos, emociones, responsabilidades
y situaciones que muchas veces nos llevan a desconectarnos de nosotros mismos.
Corremos para llegar a algún lugar, buscamos respuestas afuera, intentamos
solucionar aquello que nos preocupa y, sin darnos cuenta, podemos pasar mucho
tiempo sin preguntarnos cómo estamos realmente.
En medio de
ese movimiento aparece una pregunta sencilla, pero profundamente
transformadora:
¿Qué
sucedería si aprendiéramos nuevamente a sentir la energía que sostiene nuestra
vida?
Desde la
perspectiva espiritual y energética, Reiki puede convertirse en una puerta
hacia esa experiencia.
Más allá de
las explicaciones, las técnicas, las posiciones de las manos, los símbolos o
las distintas escuelas que existen, Reiki puede entenderse como una práctica
que nos invita a entrar en contacto con una dimensión más profunda de nosotros
mismos: la capacidad de detenernos, conectar, recibir, observar y permitir.
Reiki nos
recuerda algo que muchas veces olvidamos:
no somos
solamente aquello que pensamos, sentimos o hacemos. También somos presencia,
conciencia y energía.
Y cuando
comenzamos a relacionarnos con nuestra propia energía de una manera diferente,
también puede comenzar a cambiar nuestra manera de relacionarnos con la vida.
Este
artículo es una invitación a mirar Reiki desde una perspectiva amplia.
No solamente
como una técnica energética, sino como un camino de conexión interior.
Como una
práctica que puede acompañarnos en procesos de relajación, meditación,
autoconocimiento y bienestar.
Como una
forma de aprender a escuchar nuestro cuerpo.
Como un
espacio para soltar.
Y,
especialmente, como una oportunidad para cuestionar algunos de los límites que
nosotros mismos hemos construido alrededor de nuestra capacidad de recibir,
sentir y compartir energía.
¿Qué es Reiki?
Reiki es una
práctica de origen japonés asociada al trabajo con la energía y desarrollada en
el siglo XX por Mikao Usui.
La palabra
suele explicarse a partir de dos términos japoneses: Rei, relacionado
con lo universal o espiritual, y Ki, relacionado con la energía vital.
Dentro de
esta tradición, Reiki se practica mediante la imposición de las manos y
diferentes técnicas destinadas a favorecer un estado de relajación, presencia y
armonización.
Sin embargo,
para comprender verdaderamente Reiki no alcanza con conocer una definición.
Porque Reiki
no solamente se comprende con la mente.
También se
experimenta.
Una persona
puede leer cientos de páginas sobre energía y, aun así, no comprender
profundamente lo que significa hasta experimentar un momento de quietud,
colocar sus manos sobre el cuerpo y prestar atención a aquello que sucede
internamente.
Puede
aparecer calor.
Frío.
Hormigueo.
Sensación de
relajación.
Emociones.
Imágenes.
Recuerdos.
O
simplemente tranquilidad.
Y también
puede no sentirse nada especial.
Esto último
es importante.
No sentir
una sensación extraordinaria no significa que la práctica haya fracasado.
Uno de los
grandes aprendizajes que Reiki puede ofrecernos es precisamente dejar de
perseguir experiencias.
No
necesitamos que ocurra algo espectacular para que un momento de presencia tenga
valor.
A veces
sanar, descansar o recuperar equilibrio comienza de una manera mucho más
sencilla:
sentándonos,
respirando,
cerrando los
ojos,
colocando
nuestras manos,
y
permitiéndonos estar presentes.
Reiki y la energía que
sostiene la vida
Desde
diferentes tradiciones espirituales y culturales encontramos conceptos
relacionados con una fuerza vital.
En Japón
aparece el concepto de Ki.
En China
encontramos el Qi o Chi.
En India se
habla de Prana.
Aunque estos
conceptos pertenecen a tradiciones diferentes y no deben considerarse
idénticos, todos han sido utilizados para hablar, desde distintas perspectivas,
de aquello que se relaciona con la vitalidad y la fuerza de la vida.
Cuando
hablamos de Reiki desde una perspectiva espiritual, podemos utilizar esta idea
como una metáfora poderosa:
la vida se
encuentra sostenida por algo mucho más amplio que nuestra voluntad consciente.
No decidimos
conscientemente que nuestro corazón lata.
No ordenamos
a cada célula realizar su función.
No
controlamos cada respiración mientras dormimos.
No
necesitamos recordar que debemos mantener nuestro organismo funcionando durante
la noche.
Existe una
dimensión de la vida que continúa desarrollándose incluso cuando nuestra mente
descansa.
Reiki puede
invitarnos a contemplar ese misterio.
A reconocer
que hay algo en nosotros que está constantemente participando del proceso de
vivir.
Y quizá uno
de los grandes cambios comienza cuando dejamos de relacionarnos con la energía
desde la necesidad de controlarla y empezamos a relacionarnos con ella desde la
capacidad de escucharla.
El gran aprendizaje: permitir
Vivimos en
una cultura que nos enseña a hacer.
Haz más.
Produce más.
Consigue
más.
Resuelve
más.
Avanza.
Mejora.
Controla.
Organiza.
Planifica.
Pero existen
momentos en los que el camino no consiste en hacer más.
Consiste en permitir.
Esta puede
ser una de las enseñanzas más profundas de Reiki.
Cuando
colocamos nuestras manos sobre nosotros mismos, podemos dejar de intentar
solucionar inmediatamente aquello que estamos sintiendo.
No
necesitamos obligarnos a cambiar.
No
necesitamos luchar contra una emoción.
No
necesitamos expulsar un pensamiento.
No
necesitamos exigirnos estar positivos.
Simplemente
podemos estar presentes.
Y desde esa
presencia comenzar a escuchar.
Quizá
descubramos cansancio.
Quizá
tristeza.
Quizá enojo.
Quizá miedo.
Quizá una
necesidad que llevábamos mucho tiempo ignorando.
Y entonces
Reiki deja de ser solamente una práctica energética.
Se
transforma en una práctica de escucha.
El poder de Reiki no está
solamente en las manos
Cuando una
persona comienza a practicar Reiki puede pensar que el poder está
exclusivamente en las manos.
Pero existe
una comprensión mucho más profunda.
Las manos
son un medio.
La intención
es un elemento importante.
La presencia
es fundamental.
La
disposición a recibir también lo es.
Cuando
practicamos Reiki podemos comenzar a descubrir que no necesitamos convertirnos
en alguien especial para acompañarnos energéticamente.
No
necesitamos sentir que somos superiores.
No
necesitamos pensar que tenemos poderes extraordinarios.
No
necesitamos demostrar nada.
Podemos
simplemente aprender a estar presentes.
Esto
modifica completamente la relación con la práctica.
Porque el
objetivo deja de ser:
“Voy a hacer
que algo suceda.”
Y comienza a
ser:
“Voy a crear
un espacio para escuchar y permitir.”
Esta
diferencia parece pequeña, pero puede transformar profundamente nuestra
experiencia.
Soltar los límites que hemos
creado alrededor de Reiki
Uno de los
aspectos más interesantes del camino espiritual aparece cuando comenzamos a
cuestionar nuestras propias limitaciones.
Muchas veces
no es la energía la que tiene límites.
Son nuestras
creencias las que los tienen.
Pensamos:
“Esto
solamente puedo hacerlo de esta manera.”
“Esto no
está permitido.”
“Necesito
estar en determinadas condiciones.”
“No soy
suficientemente sensible.”
“No tengo
suficiente energía.”
“Solo
alguien con determinado nivel puede hacerlo.”
“Si no
siento calor, no funciona.”
“Si no tengo
una experiencia espiritual, no sirve.”
Y poco a
poco podemos convertir una práctica destinada a favorecer la conexión en un
conjunto de exigencias.
Es aquí
donde necesitamos detenernos.
Porque una
práctica espiritual puede convertirse, paradójicamente, en una nueva estructura
mental que nos aleja de aquello que buscábamos.
Soltar
límites no significa ignorar las enseñanzas tradicionales ni hacer cualquier
cosa sin formación.
Significa
diferenciar entre:
la esencia
de la práctica
y
las
interpretaciones rígidas que podemos construir alrededor de ella.
Podemos
respetar una tradición y, al mismo tiempo, vivirla conscientemente.
Podemos
aprender una técnica y, al mismo tiempo, desarrollar nuestra propia
sensibilidad.
Podemos
recibir formación y, al mismo tiempo, comprender que ninguna certificación
reemplaza el proceso interior.
Reiki no necesita ser una
lucha
Existe una
tendencia muy humana a intentar conseguir resultados.
Incluso en
la espiritualidad.
Queremos
sanar rápido.
Queremos
desbloquear.
Queremos
elevar la vibración.
Queremos
eliminar pensamientos negativos.
Queremos
limpiar toda nuestra energía.
Queremos
sentirnos bien permanentemente.
Pero la vida
no funciona de esa manera.
No estamos
aquí para convertirnos en seres humanos que nunca sienten tristeza, miedo,
enojo o cansancio.
Estamos aquí
para aprender a relacionarnos con todo aquello que forma parte de nuestra
experiencia.
Reiki puede
acompañar ese aprendizaje.
No
necesariamente para eliminar todo lo incómodo, sino para ayudarnos a permanecer
presentes mientras atravesamos diferentes procesos.
Hay una
diferencia enorme entre decir:
“Tengo que
eliminar esta emoción.”
y decir:
“Puedo escuchar
qué necesita mostrarme esta emoción.”
La segunda
postura abre un espacio.
Y ese
espacio es profundamente terapéutico desde el punto de vista del
autoconocimiento.
Reiki como camino de
autocuidado
Una de las
formas más sencillas de incorporar Reiki a nuestra vida es utilizarlo como
práctica de autocuidado.
No
necesitamos esperar a estar completamente agotados.
No
necesitamos encontrarnos en una crisis.
Podemos
convertirlo en un momento cotidiano.
Un pequeño
ritual de conexión.
Buscar un
lugar tranquilo.
Sentarnos
cómodamente.
Respirar
lentamente.
Cerrar los
ojos.
Colocar las
manos sobre diferentes zonas del cuerpo.
Y
simplemente permanecer.
Durante ese
tiempo podemos preguntarnos:
¿Cómo estoy
realmente?
No:
“¿Cómo
debería estar?”
Sino:
“¿Cómo
estoy?”
Esta
pregunta cambia todo.
Porque
muchas veces vivimos desde lo que creemos que deberíamos sentir.
Debería
estar bien.
Debería ser
fuerte.
Debería
tener paciencia.
Debería
poder con todo.
Debería
haber superado esto.
Reiki puede
convertirse en un espacio donde dejamos de exigirnos.
Y comenzamos
a escucharnos.
El cuerpo también habla
Nuestra
mente puede intentar convencernos de que todo está bien.
Pero nuestro
cuerpo muchas veces expresa otra realidad.
Tensión en
los hombros.
Mandíbula
apretada.
Respiración
superficial.
Cansancio.
Inquietud.
Sensación de
pesadez.
Dificultad
para descansar.
Desde una
mirada integral, aprender a escuchar el cuerpo puede ser fundamental.
Durante una
práctica de Reiki podemos prestar atención a esas sensaciones sin
interpretarlas inmediatamente.
No
necesitamos decir:
“Esto
significa exactamente aquello.”
Podemos
simplemente observar.
¿Dónde
siento tensión?
¿Dónde
siento comodidad?
¿Dónde mi
respiración se vuelve más libre?
¿Qué sucede
cuando llevo atención a determinada zona?
La
observación consciente puede ayudarnos a desarrollar una relación diferente con
nuestro cuerpo.
Reiki y las emociones
Las
emociones también forman parte de nuestra energía cotidiana.
Una
conversación puede dejarnos livianos.
Otra puede
dejarnos agotados.
Una noticia
puede generar miedo.
Un encuentro
puede despertar alegría.
Un recuerdo
puede producir tristeza.
Una
preocupación puede consumir nuestra atención durante horas.
Por eso
aprender a observar nuestro estado emocional puede ser tan importante como
cuidar nuestro cuerpo.
Reiki puede
ofrecer un espacio para detenernos y permitir que las emociones sean
reconocidas.
No significa
que una sesión de Reiki tenga que producir necesariamente una liberación
emocional.
Tampoco
significa que todas las emociones tengan un origen energético.
Simplemente
podemos utilizar la práctica como un espacio de presencia.
Y cuando una
emoción es reconocida, deja de necesitar luchar tanto por nuestra atención.
Soltar no significa abandonar
Una de las
palabras más importantes en el camino energético es:
soltar.
Pero muchas
veces interpretamos mal su significado.
Soltar no
significa dejar de amar.
No significa
abandonar responsabilidades.
No significa
ignorar problemas.
No significa
resignarnos.
Soltar
significa dejar de utilizar nuestra energía intentando controlar aquello que no
podemos controlar.
Podemos amar
a una persona sin controlar su proceso.
Podemos
acompañar sin cargar.
Podemos
ayudar sin salvar.
Podemos
escuchar sin absorber.
Podemos
estar presentes sin perder nuestro centro.
Y esta
comprensión puede ser profundamente transformadora.
Reiki y los límites personales
Aquí aparece
una paradoja.
A veces
hablamos de energía y pensamos que protegernos significa cerrar.
Cerrar
completamente.
No permitir.
Desconfiar.
Evitar.
Alejarnos.
Pero una
protección saludable no necesariamente consiste en levantar muros.
Puede
consistir en desarrollar límites conscientes.
Un límite
sano dice:
“Puedo estar
contigo sin dejar de estar conmigo.”
“Puedo
escucharte sin hacerme responsable de tu proceso.”
“Puedo
ayudarte sin olvidarme de mis necesidades.”
“Puedo
amarte sin permitir cualquier comportamiento.”
Esta es una
forma de protección energética mucho más madura.
No
necesitamos vivir en estado permanente de defensa.
Necesitamos
aprender a permanecer presentes.
No absorber no significa no
sentir
Una persona
sensible puede experimentar intensamente aquello que sucede a su alrededor.
Puede entrar
a un lugar y sentirse incómoda.
Puede
conversar con alguien y terminar cansada.
Puede
percibir cambios emocionales en otras personas.
Pero sentir
algo no significa necesariamente que eso nos pertenezca.
Esta
distinción puede ser muy importante.
Podemos
decir internamente:
“Puedo
reconocer lo que siento sin asumir que todo lo que siento es mío.”
Esta frase
puede convertirse en una práctica cotidiana.
Cuando
aparezca una sensación intensa, podemos detenernos y preguntarnos:
¿Qué estaba
sintiendo antes de este encuentro?
¿Qué cambió
después?
¿Estoy
interpretando algo?
¿Estoy
cansado?
¿Estoy
preocupado?
¿Estoy
proyectando una experiencia anterior sobre esta situación?
La
conciencia es una de las mejores herramientas para no quedar atrapados en
interpretaciones automáticas.
Reiki como puente hacia la
meditación
Reiki y
meditación pueden complementarse muy bien.
En ambos
casos encontramos elementos como:
presencia,
respiración,
observación,
quietud,
atención,
escucha
interior.
Una práctica
sencilla puede comenzar colocando las manos sobre el cuerpo y observando la
respiración.
No
necesitamos modificarla.
Solo
observar.
Inspirar.
Exhalar.
Sentir.
Permanecer.
Cuando
aparece un pensamiento, reconocerlo.
Cuando
aparece una emoción, observarla.
Cuando
aparece inquietud, permitirla.
La práctica
consiste en regresar una y otra vez al presente.
¿Es necesario sentir energía?
No.
Y esta
respuesta puede liberar a muchas personas.
Hay quienes
sienten calor.
Otros
sienten frío.
Otros
hormigueo.
Otros relajación.
Otros no
sienten prácticamente nada.
No existe
una única experiencia correcta.
El error
aparece cuando convertimos una sensación en una prueba de valor.
“Si siento
algo, Reiki funciona.”
“Si no
siento nada, no funciona.”
No
necesariamente.
Las experiencias
internas son subjetivas.
El objetivo
puede ser simplemente desarrollar presencia, relajación y conexión interior.
No
necesitamos fabricar sensaciones.
No
necesitamos imaginar que sentimos algo.
Podemos
permitir que la experiencia sea exactamente como es.
El peligro de buscar poder
espiritual
Existe otro
límite que vale la pena soltar:
la necesidad
de sentirnos poderosos.
El camino
espiritual puede convertirse en una búsqueda de identidad:
“Soy muy
energético.”
“Tengo una
vibración superior.”
“Puedo
detectar todo.”
“Los demás
tienen energía negativa.”
“Yo sé lo
que está pasando.”
Cuando el
desarrollo espiritual alimenta el ego, podemos alejarnos de la esencia de la
práctica.
La verdadera
profundidad suele venir acompañada de humildad.
Cuanto más
aprendemos, más comprendemos cuánto desconocemos.
Reiki puede
enseñarnos que no necesitamos demostrar poder.
Podemos
simplemente acompañar.
Reiki no sustituye la atención
médica
Es
importante establecer una diferencia clara.
Reiki puede
utilizarse como práctica complementaria de relajación, bienestar y
acompañamiento personal, pero no debe presentarse como sustituto de la atención
médica o psicológica profesional.
Una persona
con una enfermedad o condición de salud debe recibir la evaluación y el
tratamiento correspondiente de profesionales capacitados.
La
espiritualidad no necesita enfrentarse con la medicina.
Podemos
integrar diferentes recursos de manera responsable.
Cuidar el cuerpo.
Cuidar la
mente.
Cuidar las
emociones.
Cuidar
nuestras relaciones.
Y, para
quienes encuentran valor en ello, cultivar también una dimensión espiritual.
La verdadera
integración no necesita excluir.
Reiki a distancia: ampliar
nuestra comprensión
Dentro de
algunas escuelas de Reiki existe la práctica conocida como Reiki a distancia.
Desde la
tradición espiritual de Reiki, se considera posible dirigir la intención hacia
una persona que no se encuentra físicamente presente.
Más allá de
las interpretaciones metafísicas, podemos observar algo interesante:
la intención
humana tiene un enorme valor psicológico y emocional.
Cuando
pensamos amorosamente en alguien, cuando deseamos su bienestar, cuando hacemos
una oración o una meditación por esa persona, estamos generando una experiencia
interna significativa.
Por eso
podemos practicar desde una postura humilde.
No
necesitamos afirmar científicamente aquello que pertenece al ámbito espiritual.
Podemos
simplemente decir:
“Desde mi
intención y desde mi práctica, deseo bienestar para esta persona.”
Y dejar que
la experiencia sea.
¿Hasta dónde podemos utilizar
Reiki?
Esta
pregunta abre una reflexión muy importante.
A veces
buscamos límites externos:
“¿Hasta
dónde llega Reiki?”
Pero quizá
una pregunta más interesante sea:
“¿Hasta
dónde estoy dispuesto a abrirme a una experiencia consciente de conexión?”
Podemos
utilizar una práctica energética para acompañar:
nuestro
descanso,
nuestra
meditación,
nuestro
autocuidado,
nuestro
proceso emocional,
momentos de
estrés,
espacios de
introspección,
procesos de
autoconocimiento.
También
podemos compartirla con otras personas dentro de los límites de nuestra
formación y con respeto absoluto por su consentimiento.
Porque el
verdadero poder no consiste en intervenir sobre otros.
Consiste en
aprender a estar presentes sin invadir.
El consentimiento también es
energía
Una práctica
espiritual responsable necesita respetar la libertad.
No podemos
asumir que otra persona desea recibir Reiki.
No podemos
imponer una práctica energética.
No podemos
decidir unilateralmente qué necesita alguien.
No podemos
utilizar Reiki para controlar decisiones ajenas.
El
consentimiento es fundamental.
Una persona
tiene derecho a decir:
sí,
no,
ahora no,
prefiero
otro momento,
o
simplemente no quiero.
Respetar esa
decisión también forma parte del camino espiritual.
Porque si
hablamos de energía, conciencia y respeto por la vida, entonces necesitamos
comenzar por respetar la libertad de cada persona.
Reiki y la intención
La intención
puede convertirse en una herramienta poderosa para nuestra práctica.
Pero
necesitamos comprenderla correctamente.
Intención no
significa controlar resultados.
No
significa:
“Quiero que
suceda exactamente esto.”
Puede ser:
“Me abro a
recibir aquello que sea beneficioso para mi proceso.”
Esta pequeña
modificación nos ayuda a soltar expectativas.
Porque
muchas veces sufrimos no por lo que ocurre, sino porque queremos que ocurra
algo diferente.
La práctica
puede convertirse entonces en un entrenamiento para soltar el control.
Cuando dejamos de exigir
resultados
Imagina
sentarte a practicar Reiki pensando:
“Hoy
necesito sanar esto.”
Ya
comenzaste desde una exigencia.
Ahora
imagina:
“Hoy voy a
regalarme unos minutos de presencia.”
La
experiencia cambia.
No tienes
que sanar nada.
No tienes
que demostrar nada.
No tienes
que sentir nada.
Solo estar.
Y quizá
justamente allí aparezca algo que necesitabas:
descanso,
claridad,
silencio,
una emoción,
un
pensamiento,
una
comprensión.
O simplemente
unos minutos de paz.
Y eso
también tiene valor.
La energía de la vida no
necesita ser comprendida completamente
Hay
misterios que no necesitan ser explicados para ser experimentados.
La vida
misma es uno de ellos.
Podemos
estudiar el cuerpo.
Podemos
estudiar el cerebro.
Podemos
analizar la respiración.
Podemos
observar el funcionamiento del organismo.
Pero todavía
existe algo profundamente misterioso en el hecho de estar vivos.
Reiki puede
invitarnos a acercarnos a ese misterio desde otra perspectiva.
No
necesariamente para encontrar respuestas definitivas.
Sino para
aprender a convivir con la pregunta.
¿Qué es
aquello que nos mantiene vivos?
¿Qué
significa estar presentes?
¿Qué ocurre
cuando dejamos de luchar contra cada experiencia?
¿Qué sucede
cuando aprendemos a escuchar?
¿Qué parte
de nuestra vida estamos viviendo desde el control?
¿Y qué parte
podríamos comenzar a vivir desde la confianza?
Una práctica sencilla para
conectar con nuestra energía
Podemos
crear una práctica cotidiana muy simple.
Busca un
lugar tranquilo.
Siéntate
cómodamente.
Apoya los
pies en el suelo.
Cierra los
ojos si te resulta cómodo.
Respira
lentamente.
No intentes
cambiar tu respiración.
Simplemente
obsérvala.
Después
lleva tus manos al centro del pecho.
Permanece
unos instantes.
Puedes
repetir mentalmente:
“Estoy
aquí.”
Luego:
“Me permito
respirar.”
Después:
“Me permito
sentir.”
Y
finalmente:
“Me permito
recibir este momento tal como es.”
Permanece
allí durante algunos minutos.
Si deseas
continuar, puedes colocar las manos sobre diferentes zonas del cuerpo.
No busques
resultados.
No persigas
sensaciones.
Solo
permanece.
Cuando
termines, observa cómo estás.
No
preguntes:
“¿Funcionó?”
Pregunta:
“¿Cómo me
siento ahora?”
Esta
pregunta cambia el foco de la exigencia hacia la conciencia.
Reiki como camino de regreso a
nosotros mismos
Quizá uno de
los mayores regalos que puede ofrecernos Reiki sea recordarnos algo sencillo:
podemos
volver a nosotros.
Después de
un día difícil.
Después de
una discusión.
Después de
una pérdida.
Después de
una preocupación.
Después de
haber estado demasiado tiempo ocupándonos de los demás.
Podemos volver.
Respirar.
Sentir.
Escuchar.
Descansar.
Las manos
pueden convertirse en un símbolo de ese regreso.
Cuando
colocamos nuestras manos sobre nosotros mismos estamos realizando un gesto
sencillo, pero profundo:
“Estoy aquí
para mí.”
En una
sociedad donde muchas personas aprenden a cuidar a todos menos a sí mismas,
este gesto puede adquirir un significado especial.
El verdadero límite puede
estar en nuestra mente
Quizá
durante mucho tiempo creímos que no podíamos.
No podemos
descansar.
No podemos
decir que no.
No podemos
recibir.
No podemos
pedir ayuda.
No podemos
parar.
No podemos
equivocarnos.
No podemos
sentir.
No podemos
mostrarnos vulnerables.
No podemos
soltar.
Y entonces
construimos una vida alrededor de esos “no puedo”.
Reiki puede
ayudarnos a observar esas estructuras.
No porque
una energía externa vaya a resolver mágicamente nuestra vida.
Sino porque
una práctica consciente puede crear un espacio donde comenzamos a preguntarnos:
¿Esto
realmente es imposible o simplemente aprendí a creer que lo era?
Esta
pregunta puede abrir puertas.
Abrirnos a recibir
Dar parece
sencillo.
Recibir no
siempre lo es.
Muchas
personas están acostumbradas a ayudar, acompañar, sostener y resolver.
Pero cuando
alguien intenta ayudarlas, se sienten incómodas.
Cuando
reciben un elogio, lo minimizan.
Cuando
reciben amor, desconfían.
Cuando
tienen la oportunidad de descansar, sienten culpa.
Aprender a
recibir también puede ser una forma de equilibrio.
Durante una
práctica de Reiki podemos experimentar simbólicamente ese acto:
no hacer, no
controlar, no producir.
Simplemente
recibir.
Y para
algunas personas, eso puede ser profundamente desafiante.
No necesitamos estar “en alta
vibración” todo el tiempo
Otro límite
que podemos soltar es la obligación de estar siempre positivos.
La
espiritualidad no consiste en negar las emociones difíciles.
Una persona
espiritual también puede estar cansada.
Puede
llorar.
Puede
enojarse.
Puede tener
miedo.
Puede
sentirse confundida.
Puede
atravesar momentos de oscuridad.
La
diferencia no está necesariamente en no sentir.
Está en
aprender a atravesar aquello que sentimos con mayor conciencia.
No
necesitamos luchar contra nuestra humanidad para ser espirituales.
Podemos
abrazarla.
Reiki y responsabilidad
personal
Trabajar con
energía no significa delegar nuestra vida en la energía.
No podemos
utilizar Reiki para evitar tomar decisiones.
No podemos
esperar que una práctica sustituya conversaciones necesarias.
No podemos
utilizarla para escapar de nuestra responsabilidad.
La práctica
puede acompañarnos.
Pero
nosotros seguimos siendo responsables de nuestras elecciones.
Si
necesitamos poner un límite, debemos ponerlo.
Si
necesitamos pedir ayuda, debemos pedirla.
Si
necesitamos descansar, debemos descansar.
Si
necesitamos buscar atención profesional, debemos hacerlo.
La
espiritualidad puede acompañar nuestras acciones, no reemplazarlas.
El poder de la práctica
constante
No
necesitamos realizar prácticas extraordinarias.
La
transformación muchas veces ocurre a través de pequeños gestos repetidos.
Cinco
minutos de presencia.
Diez minutos
de respiración.
Un momento
de Reiki.
Una pausa
antes de reaccionar.
Una pregunta
antes de juzgar.
Un límite
expresado con respeto.
Un descanso
sin culpa.
Una
conversación sincera.
Todo eso
puede formar parte de un camino espiritual.
Porque
elevar nuestra conciencia no siempre significa experimentar algo
extraordinario.
A veces
significa reaccionar un poco menos.
Escuchar un
poco más.
Amarnos un
poco mejor.
Y elegir
desde un lugar más consciente.
Reiki como camino, no como
destino
No existe un
punto definitivo en el que podamos decir:
“Ya llegué.”
El
desarrollo interior es un proceso.
Cada etapa
nos muestra algo diferente.
Hay momentos
de expansión.
Hay momentos
de contracción.
Hay momentos
de claridad.
Hay momentos
de confusión.
Hay momentos
de confianza.
Hay momentos
de miedo.
Todos forman
parte del camino.
Reiki puede
acompañarnos en ese recorrido.
No como una
respuesta para todo.
Sino como
una práctica que nos recuerda regresar al presente.
Soltar los límites también
significa soltar las expectativas
Quizá uno de
los mayores límites sea la expectativa de cómo debería sentirse una experiencia
espiritual.
Esperamos
luces.
Visiones.
Sensaciones.
Mensajes.
Emociones
intensas.
Pero la
espiritualidad puede manifestarse de maneras mucho más sencillas.
Tal vez sea
dormir mejor.
Tal vez sea
sentir más calma.
Tal vez sea
descubrir que ya no reaccionamos igual ante una situación.
Tal vez sea
reconocer una necesidad.
Tal vez sea
aprender a decir no.
Tal vez sea
aceptar que algo terminó.
Tal vez sea
simplemente sentirnos en paz durante unos minutos.
No
necesitamos convertir cada experiencia en algo extraordinario.
A veces lo
extraordinario está escondido dentro de lo cotidiano.
La energía que sostiene la
vida también está en nosotros
Cuando
hablamos de energía vital podemos caer en la tentación de buscarla afuera.
Pero quizá
el verdadero aprendizaje sea reconocer nuestra participación en la vida.
Respiramos.
Sentimos.
Pensamos.
Amamos.
Creamos.
Aprendemos.
Nos
equivocamos.
Volvemos a
empezar.
Estamos
vivos.
Y eso ya es
extraordinario.
Reiki puede
ser una manera de detenernos frente a ese misterio.
Una manera
de recordar que no somos máquinas destinadas únicamente a producir.
Somos seres
humanos que necesitan descansar, sentir, conectar y vivir.
Una nueva relación con nuestra
propia energía
Quizá al
final de este recorrido no se trate de aprender a controlar nuestra energía.
Se trate de
aprender a relacionarnos con ella.
Escucharla.
Respetarla.
Cuidarla.
Reconocer
cuándo estamos agotados.
Reconocer
cuándo necesitamos silencio.
Reconocer
cuándo estamos entregando demasiado.
Reconocer
cuándo necesitamos recibir.
Reconocer
cuándo una situación nos está alejando de nuestro centro.
Y también
reconocer cuándo estamos llenos de vitalidad, entusiasmo y deseo de compartir.
La energía
deja entonces de ser una idea abstracta.
Se convierte
en una forma de observar nuestra experiencia.
El verdadero poder está en la
conciencia
Podemos
aprender muchas técnicas.
Podemos
estudiar diferentes sistemas.
Podemos
conocer símbolos.
Podemos
realizar cursos.
Podemos
recibir iniciaciones.
Pero ninguna
herramienta sustituye la conciencia.
Porque
podemos conocer una técnica y utilizarla desde el miedo.
Podemos
hablar de energía y vivir desconectados de nosotros mismos.
Podemos
conocer muchos conceptos espirituales y, al mismo tiempo, no saber escuchar
nuestras necesidades.
Por eso el
verdadero crecimiento no consiste solamente en acumular conocimientos.
Consiste en
transformar nuestra manera de vivir.
Reiki como acto de amor propio
Cada vez que
nos regalamos un momento de Reiki podemos convertirlo en un acto simbólico de
amor propio.
No porque
necesitemos “arreglarnos”.
No porque
estemos incompletos.
No porque
haya algo defectuoso en nosotros.
Sino porque
merecemos cuidarnos.
Esta
diferencia es fundamental.
No
practicamos Reiki porque estemos rotos.
Podemos
practicarlo porque queremos escucharnos.
No
necesitamos odiar nuestro estado actual para desear transformarlo.
Podemos
amarnos tal como somos y, al mismo tiempo, continuar creciendo.
Regresar a la fuente de la
vida
Quizá Reiki
no venga a decirnos que existe algo externo que puede salvarnos.
Quizá venga
a recordarnos que la vida ya está ocurriendo dentro de nosotros.
La
respiración.
El latido.
La
conciencia.
La
sensibilidad.
La capacidad
de amar.
La capacidad
de sentir.
La
posibilidad de comenzar nuevamente.
Cuando
colocamos nuestras manos sobre nuestro cuerpo y hacemos silencio, podemos
recordar algo que la vida cotidiana nos hace olvidar:
no
necesitamos estar permanentemente haciendo para merecer existir.
Podemos
simplemente estar.
Podemos
recibir.
Podemos
respirar.
Podemos
escuchar.
Podemos
soltar.
Podemos
confiar.
Y desde allí
comenzar nuevamente.
Soltar los
límites en Reiki no significa abandonar el respeto por la tradición, la
formación o la responsabilidad.
Significa
dejar de convertir la espiritualidad en una cárcel de reglas mentales.
Significa
permitirnos experimentar con conciencia.
Significa
comprender que no necesitamos demostrar poderes.
Significa abandonar
la necesidad de controlar cada resultado.
Significa
abrirnos a la experiencia sin exigirle que sea diferente.
Y quizás,
sobre todo, significa aprender a confiar un poco más en la vida.
Porque la
vida no nos pide que controlemos cada segundo.
La vida nos
invita a participar.
A sentir.
A aprender.
A amar.
A
equivocarnos.
A
levantarnos.
A descansar.
A continuar.
Reiki puede
ser una puerta hacia esa conciencia.
Una puerta
sencilla.
Dos manos.
Una
respiración.
Un momento
de silencio.
Y una
pregunta:
¿Qué ocurre
cuando dejo de luchar contra mí mismo y comienzo a escucharme?
Tal vez allí
empiece una nueva relación con nuestra propia energía.
Tal vez allí
descubramos que no necesitamos buscar tan lejos aquello que durante tanto
tiempo estuvimos intentando encontrar.
Porque la
energía de la vida no es solamente algo que buscamos.
Es aquello
que estamos viviendo ahora mismo.
Y cuando
aprendemos a honrar esa vida, a cuidar nuestro cuerpo, escuchar nuestras
emociones, respetar nuestros límites, abrirnos a recibir y caminar con mayor
conciencia, Reiki deja de ser solamente una técnica.
Se convierte
en un recordatorio.
Un
recordatorio de que podemos volver a nosotros.
Una y otra
vez.
Siempre que
sea necesario.
Con una
respiración.
Con una
pausa.
Con nuestras
manos.
Con nuestra
presencia.
Y con la
certeza de que el camino espiritual no consiste en alejarnos de nuestra
humanidad.
Consiste en
aprender a vivirla con mayor conciencia.
Reiki no
tiene por qué ser una respuesta para todo.
Puede ser
simplemente una puerta.
Una puerta
hacia el silencio.
Hacia la
presencia.
Hacia el
autocuidado.
Hacia la
escucha.
Hacia el
encuentro con nosotros mismos.
Y cuando
atravesamos esa puerta, quizá descubrimos algo esencial:
la verdadera
transformación no siempre comienza cuando conseguimos más energía.
A veces
comienza cuando dejamos de desperdiciar la que ya tenemos.
Cuando
dejamos de luchar contra lo que no podemos controlar.
Cuando
dejamos de cargar con lo que no nos corresponde.
Cuando
dejamos de vivir para satisfacer expectativas ajenas.
Cuando
aprendemos a decir sí desde el corazón y no desde la culpa.
Cuando
permitimos que nuestro cuerpo descanse.
Cuando
escuchamos nuestras emociones.
Cuando nos
damos permiso para recibir.
Cuando
regresamos al presente.
Entonces
empezamos a cuidar nuestra energía de una manera diferente.
No desde el
miedo.
No desde la
obsesión.
No desde la
necesidad de protegernos de todo.
Sino desde
el amor.
Y quizás esa
sea una de las enseñanzas más profundas que Reiki puede ofrecernos:
proteger
nuestra energía no significa cerrar nuestro corazón.
Significa
aprender a habitarlo.
Cuidarlo.
Escucharlo.
Y recordar
que, mientras haya vida en nosotros, siempre existe la posibilidad de volver a
comenzar.
Espero que este post te resulte útil; la Energía
Reiki es parte de todo lo que existe, lo sostiene todo, por ello quise
compartir este post que nos habla de no solo ver el Reiki como una técnica de imposición
de manos; que si lo es, pero excede de infinidad de maneras su uso y propósito.
Mucha luz en tu camino.
Jorge Magallanes.

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