Cuando dejamos de buscar afuera lo que siempre estuvo
habitando en nuestro interior
Hay momentos
en la vida en los que sentimos que ya no podemos más.
Momentos en
los que las circunstancias parecen superar nuestra capacidad de responder.
Situaciones que nos confrontan con nuestros miedos, nuestras dudas, nuestras
heridas y también con una pregunta que puede aparecer silenciosamente en
nuestro interior:
¿De dónde
voy a sacar fuerzas para seguir?
Quizás
alguna vez te hayas encontrado frente a una situación que parecía demasiado
grande para ti.
Una pérdida.
Un cambio inesperado.
Una separación.
Una decepción.
Un proyecto que no salió como esperabas.
Una etapa de incertidumbre.
Un momento en el que todo aquello que conocías dejó de tener sentido.
Y, sin
embargo, seguiste.
Tal vez no
supiste cómo.
Tal vez
lloraste.
Tal vez
tuviste miedo.
Tal vez
dudaste de ti mismo.
Pero
continuaste caminando.
Y eso es
algo que muchas veces olvidamos reconocer.
Porque
estamos acostumbrados a considerar como fortaleza únicamente aquello que se
manifiesta como seguridad, determinación, éxito o capacidad para resolver
rápidamente los problemas.
Pero la
verdadera fuerza interior puede ser mucho más silenciosa.
A veces
fuerza es levantarse de la cama cuando el corazón está cansado.
A veces
fuerza es decir que no.
A veces es
pedir ayuda.
A veces es
comenzar nuevamente.
A veces es
reconocer que ya no queremos continuar por el mismo camino.
Y a veces,
simplemente, fuerza es seguir aquí, respirando, aprendiendo y permitiéndonos
vivir un día más.
La fuerza
que llevamos dentro no siempre necesita ser creada.
Muchas veces
necesita ser recordada.
La fuerza interior no siempre se siente como fuerza
Uno de los
grandes errores que cometemos es pensar que una persona fuerte es aquella que
nunca tiene miedo.
Pero tener
miedo no significa ser débil.
Sentir
tristeza no significa ser débil.
Dudar no
significa ser débil.
Necesitar
ayuda tampoco significa ser débil.
Somos seres
humanos.
Y nuestra
experiencia incluye emociones, contradicciones, momentos de expansión y
momentos de repliegue.
La verdadera
fortaleza no consiste en dejar de sentir.
Consiste en
aprender a permanecer presentes incluso cuando sentimos aquello que no nos
gusta sentir.
Podemos
tener miedo y avanzar.
Podemos
estar cansados y continuar cuidándonos.
Podemos
sentir tristeza y seguir confiando.
Podemos no
saber qué hacer y, aun así, dar el siguiente paso.
Eso también
es fuerza.
Quizás
durante mucho tiempo hayas esperado sentirte completamente preparado para
comenzar algo nuevo.
Esperabas
tener seguridad.
Esperabas
tener claridad.
Esperabas
dejar atrás todos tus miedos.
Pero la vida
rara vez funciona de esa manera.
Muchas veces
comenzamos antes de sentirnos preparados.
Y es
precisamente mientras caminamos cuando descubrimos capacidades que no sabíamos
que teníamos.
¿Dónde está escondida nuestra
fuerza?
A veces
buscamos nuestra fuerza en lugares equivocados.
La buscamos
en el reconocimiento de los demás.
En el
dinero.
En una
relación.
En nuestros
títulos.
En nuestra
profesión.
En nuestros
logros.
En la
aprobación.
En sentir
que tenemos todo bajo control.
Pero todo
aquello puede cambiar.
Y cuando
nuestra identidad depende exclusivamente de lo externo, cualquier cambio puede
hacernos sentir que hemos perdido nuestro valor.
La fuerza
interior comienza a despertar cuando comprendemos algo esencial:
Mi valor no
depende de las circunstancias que estoy atravesando.
Puedo perder
algo y seguir siendo valioso.
Puedo
equivocarme y seguir siendo valioso.
Puedo
comenzar nuevamente y seguir siendo valioso.
Puedo no
tener todas las respuestas y seguir siendo valioso.
No necesito
demostrar permanentemente mi fortaleza.
Necesito
aprender a reconocerla.
Las veces que ya fuiste fuerte
y no lo reconociste
Te propongo
hacer un pequeño ejercicio.
Cierra los
ojos por unos instantes y recuerda tres momentos de tu vida que fueron
difíciles.
No busques
necesariamente los más dolorosos.
Simplemente
piensa en situaciones que en aquel momento parecían difíciles de atravesar.
Ahora
pregúntate:
¿Cómo hice
para atravesarlas?
Quizás
alguien te acompañó.
Quizás
encontraste una oportunidad inesperada.
Quizás
tuviste que aprender algo.
Quizás
lloraste durante mucho tiempo.
Quizás
sentiste que no ibas a poder.
Y, sin
embargo, llegaste hasta aquí.
Eso
significa que existe en ti una capacidad de adaptación que merece ser
reconocida.
Tal vez aquella
versión de ti que atravesó ese momento no sabía que podía hacerlo.
Pero lo
hizo.
Y esa
experiencia forma parte de tu historia.
No para
recordarte todo lo que sufriste, sino para ayudarte a recordar todo lo que fuiste
capaz de atravesar.
Tu fuerza también vive en tus
heridas
Las heridas
emocionales pueden convertirse en lugares desde los cuales aprendemos a
conocernos profundamente.
No porque el
dolor sea necesario ni porque tengamos que romantizar el sufrimiento.
El dolor
duele.
Las pérdidas
duelen.
Las
decepciones duelen.
Y no
necesitamos convertir cada experiencia dolorosa en una enseñanza
inmediatamente.
Hay momentos
en los que simplemente necesitamos permitirnos sentir.
Pero con el
tiempo, algunas experiencias pueden mostrarnos aspectos de nosotros mismos que
antes desconocíamos.
Podemos
descubrir que somos más sensibles de lo que pensábamos.
Más
compasivos.
Más
conscientes.
Más capaces
de poner límites.
Más capaces
de elegir.
Más capaces
de comenzar nuevamente.
La herida no
es nuestra identidad.
Pero aquello
que aprendemos al atravesarla puede formar parte de nuestra sabiduría.
Dejar de confundir fuerza con
resistencia
Existe una
diferencia profunda entre ser fuerte y resistirlo todo.
Durante
mucho tiempo quizá aprendimos que debíamos soportar.
Aguantar.
Callar.
Continuar.
No molestar.
No mostrar
nuestras emociones.
Resolverlo
todo solos.
Pero eso no
siempre es fortaleza.
A veces
resistir permanentemente es una forma de desconectarnos de nosotros mismos.
La verdadera
fuerza puede manifestarse cuando decimos:
“Esto me
está haciendo daño.”
“Necesito
ayuda.”
“No quiero
continuar de esta manera.”
“Necesito
descansar.”
“Esto ya no
forma parte de quien soy.”
Reconocer
nuestros límites también requiere valentía.
Porque para
escuchar nuestros límites necesitamos estar dispuestos a escucharnos.
Tu cuerpo sabe cuándo estás
siendo fuerte
Nuestro cuerpo
participa constantemente de nuestra experiencia emocional.
Hay momentos
en los que el cuerpo se contrae.
La
respiración se vuelve superficial.
Los hombros
se tensan.
El pecho se
cierra.
El estómago
se revuelve.
Y muchas
veces seguimos adelante ignorando estas señales.
Por eso una
práctica sencilla puede ayudarte a comenzar a conectar con tu fuerza interior.
Siéntate
cómodamente.
Coloca una
mano sobre el pecho y otra sobre el abdomen.
Respira
lentamente.
No necesitas
cambiar nada.
Simplemente
observa.
Y pregúntate:
¿Qué
necesita hoy mi cuerpo de mí?
Quizás
necesite descanso.
Quizás
movimiento.
Quizás
silencio.
Quizás
llorar.
Quizás salir
a caminar.
Quizás
simplemente sentirse escuchado.
La fuerza
interior también aparece cuando dejamos de luchar contra nosotros mismos.
La fuerza de elegir
Hay una
fuerza enorme en comprender que no podemos controlar todo lo que sucede, pero
sí podemos comenzar a elegir cómo relacionarnos con aquello que sucede.
No siempre
podemos elegir lo que llega.
Pero podemos
aprender a elegir nuestra respuesta.
No podemos
controlar las decisiones de otras personas.
Pero podemos
decidir qué lugar ocupan esas decisiones en nuestra vida.
No podemos
cambiar nuestro pasado.
Pero podemos
cambiar la manera en que lo seguimos llevando dentro de nosotros.
No podemos
garantizar que nunca sufriremos.
Pero podemos
aprender a acompañarnos cuando llegue el dolor.
Esta
capacidad de elegir es una de las expresiones más profundas de nuestra fuerza
interior.
Descubrir tu fuerza también
significa dejar de compararte
Cada persona
atraviesa sus procesos a su propio ritmo.
No necesitas
tener la seguridad de otra persona.
No necesitas
sanar al ritmo de otra persona.
No necesitas
construir una vida idéntica a la de nadie.
Quizás estás
comparando tu capítulo dos con el capítulo veinte de alguien más.
Y entonces
crees que estás atrasado.
Pero la vida
no es una carrera.
Tu proceso
tiene sus propios tiempos.
Tu camino
tiene sus propias experiencias.
Tu alma,
desde una mirada espiritual, no necesita competir.
Necesita recordar
quién es.
Cuando
dejamos de compararnos, una enorme cantidad de energía vuelve a nosotros.
Y esa
energía puede comenzar a utilizarse para construir nuestra propia vida.
La espiritualidad como camino
hacia la fuerza interior
Desde una
mirada espiritual, podemos comprender nuestra fuerza como una conexión con algo
más profundo que nuestra personalidad cotidiana.
Somos mucho
más que nuestras circunstancias.
Mucho más
que nuestros errores.
Mucho más
que nuestras experiencias.
Mucho más
que aquello que otras personas dijeron sobre nosotros.
Existe
dentro de cada ser humano un espacio de silencio donde podemos reencontrarnos
con nosotros mismos.
Puedes
llamarlo conciencia.
Alma.
Presencia.
Fuente.
Dios.
Universo.
Luz.
O
simplemente puedes llamarlo tu centro.
El nombre no
es lo más importante.
Lo
importante es la experiencia de volver hacia dentro.
Cuando todo
afuera se vuelve ruidoso, podemos regresar a ese lugar interno.
Respirar.
Observar.
Escuchar.
Y recordar:
“Todavía
estoy aquí.”
Una práctica para despertar tu
fuerza interior
Te propongo
realizar esta práctica durante siete días.
Busca unos
minutos al día en un lugar tranquilo.
Cierra los
ojos.
Respira
lentamente.
Coloca ambas
manos sobre el corazón.
Y repite
internamente:
“Reconozco
la fuerza que existe en mí.”
Después
pregunta:
¿Qué parte
de mí necesita hoy ser escuchada?
No busques
una respuesta inmediata.
Permite que
aparezca una sensación, una palabra, una imagen o un recuerdo.
Luego
pregunta:
¿Qué pequeño
acto de amor hacia mí puedo realizar hoy?
Puede ser
algo muy sencillo.
Descansar.
Poner un
límite.
Decir que
no.
Llamar a
alguien.
Salir a
caminar.
Retomar un
proyecto.
Pedir ayuda.
Perdonarte.
Dormir.
Comer
tranquilamente.
Respirar.
No necesitas
realizar grandes transformaciones.
A veces una
pequeña decisión consciente comienza a cambiar nuestra relación con nosotros
mismos.
Las afirmaciones también
pueden ayudarnos a recordar
Puedes
repetir estas afirmaciones por la mañana o antes de dormir:
Tengo dentro
de mí recursos que todavía estoy descubriendo.
No necesito
tener todas las respuestas para continuar.
Puedo sentir
miedo y seguir avanzando.
Confío cada
día un poco más en mí.
Mi pasado
forma parte de mi historia, pero no determina todo mi futuro.
Tengo
derecho a comenzar nuevamente.
Puedo pedir
ayuda sin sentir que soy débil.
Mi
sensibilidad también es una forma de fortaleza.
Mi fuerza no
necesita ser demostrada; necesita ser reconocida.
Estoy
aprendiendo a sostenerme con amor.
Quizás no necesitas
convertirte en alguien más fuerte
Tal vez esta
sea una de las preguntas más importantes.
¿Y si no
necesitas convertirte en una persona más fuerte?
¿Y si ya
existe en ti una fuerza que simplemente has olvidado?
Vivimos
intentando mejorar.
Intentando
sanar.
Intentando
evolucionar.
Intentando
ser mejores.
Y eso puede
ser hermoso cuando nace del amor.
Pero también
podemos caer en la sensación permanente de que todavía no somos suficientes.
Todavía
falta algo.
Todavía
tenemos que trabajar algo.
Todavía
necesitamos cambiar.
Y quizás
llega un momento en el que necesitamos detenernos.
Respirar.
Mirarnos con
ternura.
Y reconocer:
“He llegado
hasta aquí.”
No es poco.
Has
atravesado días que alguna vez pensaste que no terminarían.
Has
aprendido cosas que antes no sabías.
Has soltado
personas, situaciones, versiones de ti mismo.
Has cometido
errores.
Has vuelto a
empezar.
Has amado.
Has perdido.
Has ganado.
Has
cambiado.
Y sigues
aquí.
Tu fuerza no está en no caer
Está en
poder volver a levantarte.
Y también en
comprender que levantarse no siempre significa volver al mismo lugar.
A veces
levantarse significa elegir un camino diferente.
Decir:
“Ya no
quiero vivir de esta manera.”
Y comenzar
lentamente a construir algo nuevo.
No necesitas
saber exactamente hacia dónde vas.
A veces
basta con saber hacia dónde ya no quieres regresar.
Un paso.
Después
otro.
Y otro.
Así se
construyen muchas transformaciones profundas.
No de golpe.
No
mágicamente.
Sino a
través de pequeñas decisiones sostenidas en el tiempo.
Y cuando vuelvas a sentir que
no puedes...
Recuerda
todas las veces en las que pensaste algo parecido.
Recuerda
aquella versión de ti que también tuvo miedo.
Recuerda que
no necesitó tener todas las respuestas.
Solo necesitó
dar el siguiente paso.
Y si hoy
estás atravesando una etapa difícil, no te obligues a encontrar una fuerza
extraordinaria.
Quizás tu
tarea sea mucho más sencilla.
Respirar.
Descansar.
Aceptar
ayuda.
Llorar si lo
necesitas.
Hablar.
Caminar.
Volver a ti.
Porque la
fuerza interior no siempre llega como un rayo de luz.
A veces
llega como una pequeña voz que susurra:
“Un día
más.”
Y ese día
puede convertirse en otro.
Y ese otro
en otro.
Hasta que,
casi sin darte cuenta, vuelves a mirar tu vida y descubres algo maravilloso:
No era que
no tenías fuerza.
Era que
todavía no habías aprendido a reconocerla.
Para cerrar los ojos y recordar
Hoy quiero
invitarte a colocar una mano sobre tu corazón.
Respira
profundamente.
Y mientras
exhalas, deja ir por unos instantes la necesidad de demostrar algo.
No tienes
que demostrar que eres fuerte.
No tienes
que demostrar que puedes con todo.
No tienes
que demostrar que estás bien.
Simplemente
permanece contigo.
Y di
lentamente:
“Me
reconozco.”
“Reconozco
todo lo que he atravesado.”
“Reconozco
mis aprendizajes.”
“Reconozco
mis heridas.”
“Reconozco
mis recursos.”
“Reconozco
mi capacidad de comenzar nuevamente.”
Y
finalmente:
“Reconozco
la fuerza que siempre estuvo dentro de mí.”
Quizás
después de repetirlo no ocurra nada extraordinario.
Y está bien.
La
transformación profunda muchas veces comienza silenciosamente.
Como una
semilla debajo de la tierra.
No podemos
verla crecer, pero algo está sucediendo.
Así también
ocurre dentro de nosotros.
Hay una
fuerza que quizás todavía no puedes ver.
Una fuerza
que se despierta cada vez que eliges cuidarte.
Cada vez que
te escuchas.
Cada vez que
dices que sí a tu vida.
Cada vez que
sueltas aquello que ya no te permite crecer.
Cada vez que
vuelves a intentarlo.
Cada vez que
eliges el amor en lugar del miedo.
Tu fuerza no
está lejos.
No necesitas
encontrarla en otro lugar.
No necesitas
convertirte en otra persona.
Quizás solo
necesitas detenerte por un momento, llevar la mirada hacia dentro y recordar:
Dentro de mí
existe mucho más de lo que hasta ahora había sido capaz de ver.
Y quizás
este sea el verdadero comienzo.
No el
comienzo de convertirte en alguien diferente.
Sino el
comienzo de volver a encontrarte contigo mismo.
Espero que este post te resulte útil, aprender a
reconocer la fuerza que está en cada uno de nosotros es parte de nuestro camino
de sanación, pues al hacerlo descubrimos que en realidad podemos tener mucho más
de lo que creemos con nuestra mente común.
Mucha luz en tu camino de vida.
Jorge Magallanes.

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