Hay momentos
en los que estamos físicamente en un lugar, pero emocionalmente estamos en
otro.
Nuestro
cuerpo está sentado frente a una persona, pero nuestra mente está pensando en
lo que sucedió ayer. Estamos caminando por la calle, pero imaginando todo lo
que podría suceder mañana. Estamos tomando un café, pero preocupándonos por una
conversación que todavía no tuvimos. Estamos intentando descansar, pero nuestra
mente continúa resolviendo problemas.
Y así, casi
sin darnos cuenta, podemos pasar gran parte de nuestra vida.
Estamos
aquí, pero no estamos realmente presentes.
Vivir aquí y
ahora no significa olvidarnos del pasado, dejar de aprender de nuestras
experiencias o abandonar nuestros proyectos de futuro. Significa algo mucho más
sencillo y, al mismo tiempo, profundamente transformador:
aprender a
estar disponibles para el momento que realmente está ocurriendo.
Porque este
instante es el único lugar donde nuestra vida puede suceder.
El pasado
puede enseñarnos.
El futuro
puede inspirarnos.
Pero
solamente el presente puede ser vivido.
¿Por qué nos cuesta tanto vivir el presente?
Nuestra
mente tiene una tendencia natural a viajar constantemente.
Regresa al
pasado para recordar, analizar, comparar y, muchas veces, intentar cambiar
aquello que ya ocurrió.
También
viaja hacia el futuro para anticipar, planificar, imaginar escenarios y tratar
de controlar aquello que todavía no sucedió.
El problema
no está en recordar ni en planificar.
El problema
aparece cuando dejamos de habitar el único momento que tenemos disponible: ahora.
A veces
creemos que podremos comenzar a disfrutar cuando resolvamos determinado
problema.
“Cuando
tenga más dinero.”
“Cuando
encuentre pareja.”
“Cuando sane
completamente.”
“Cuando
cambie de trabajo.”
“Cuando
tenga más tiempo.”
“Cuando todo
esté en orden.”
Y mientras
esperamos que llegue ese momento ideal, la vida continúa sucediendo.
Quizás uno
de los aprendizajes más profundos sea comprender que la vida no empieza
cuando todo esté resuelto. La vida ya está sucediendo.
Y aprender a
vivir aquí y ahora significa comenzar a encontrarnos con ella.
Les comparto
algunos tips que nos van a ayudar en este proceso:
1. Detente unos minutos y
observa dónde estás
Uno de los
primeros pasos para regresar al presente consiste simplemente en detenernos.
No necesitas
realizar una gran meditación.
No necesitas
encender una vela, poner música especial ni encontrar un lugar perfecto.
Puedes
hacerlo ahora mismo.
Detén por
unos segundos lo que estás haciendo.
Respira.
Observa
dónde estás.
Mira los
objetos que tienes alrededor.
Escucha los
sonidos.
Siente tu
cuerpo apoyado.
Observa tu
respiración.
Y
pregúntate:
¿Estoy
realmente aquí?
No busques
una respuesta mental.
Simplemente
siente.
Este pequeño
ejercicio puede convertirse en una puerta de entrada al presente.
2. Regresa al cuerpo
Cuando
nuestra mente está atrapada en pensamientos sobre el pasado o el futuro, el
cuerpo puede ayudarnos a regresar.
El cuerpo
siempre está en el presente.
Nunca puedes
respirar ayer.
Nunca puedes
sentir mañana.
Solamente
puedes respirar y sentir ahora.
Por eso,
cuando notes que estás pensando demasiado, lleva tu atención hacia alguna
sensación corporal.
Siente tus
pies.
Percibe tus
manos.
Relaja los
hombros.
Observa tu
respiración.
Siente el
contacto de tu cuerpo con la silla.
Puedes
preguntarte:
¿Qué estoy
sintiendo físicamente en este momento?
Tal vez
descubras tensión.
Tal vez
cansancio.
Tal vez
tranquilidad.
No necesitas
cambiar inmediatamente aquello que encuentres.
Primero
aprende a sentirlo.
La presencia
comienza cuando dejamos de escapar de nosotros mismos.
3. Haz una cosa por vez
Vivimos en
una época donde parece que hacer muchas cosas simultáneamente fuera una virtud.
Comemos
mientras miramos el teléfono.
Trabajamos
mientras respondemos mensajes.
Escuchamos a
alguien mientras pensamos qué vamos a responder.
Descansamos
mientras revisamos las redes sociales.
Estamos
permanentemente saltando de un estímulo a otro.
Y nuestra
atención se fragmenta.
Una práctica
muy poderosa consiste en recuperar el arte de hacer una sola cosa.
Si estás
comiendo, come.
Si estás
caminando, camina.
Si estás
hablando con alguien, escucha.
Si estás
descansando, descansa.
Si estás
trabajando, trabaja.
Puede
parecer sencillo, pero es profundamente transformador.
Porque
cuando ponemos toda nuestra atención en aquello que estamos haciendo, dejamos
de vivir divididos.
La presencia
necesita atención.
4. Aprende a disfrutar las
pequeñas cosas
Muchas veces
esperamos grandes acontecimientos para sentir felicidad.
Una gran
noticia.
Un viaje.
Un logro.
Una
celebración.
Un cambio
importante.
Pero la vida
cotidiana está llena de pequeños momentos que también pueden ser profundamente
significativos.
El aroma del
café.
El sol
entrando por una ventana.
Una
conversación sincera.
Una
caminata.
Una canción.
Una sonrisa.
El silencio
de la mañana.
El abrazo de
alguien que queremos.
La sensación
de una ducha caliente.
Cuando
aprendemos a reconocer estos pequeños regalos, comenzamos a comprender algo
importante:
la felicidad
no siempre llega como un acontecimiento extraordinario. Muchas veces se
encuentra escondida dentro de lo cotidiano.
5. Deja de esperar que todo
sea perfecto
Una de las
trampas que nos alejan del presente es creer que primero debemos solucionar
nuestra vida para poder disfrutarla.
Queremos
estar completamente sanos emocionalmente.
Tener todas
las respuestas.
Haber
trabajado todos nuestros traumas.
Sentirnos
seguros.
Tener
claridad absoluta.
Y recién
entonces pensamos que podremos vivir.
Pero quizás
el camino sea exactamente al revés.
Quizás
podemos comenzar a vivir mientras seguimos sanando.
Podemos reír
mientras atravesamos dificultades.
Podemos
sentir miedo y continuar caminando.
Podemos
tener preguntas y aun así disfrutar el día.
Podemos
estar en proceso y, al mismo tiempo, estar presentes.
No necesitas
estar completamente reparado para permitirte vivir.
6. Cuando aparezca un
pensamiento, no necesitas creerlo
La mente
produce pensamientos constantemente.
Algunos son
útiles.
Otros son
recuerdos.
Otros son
preocupaciones.
Otros son
miedos.
Y algunos
simplemente aparecen sin ninguna razón evidente.
El problema
surge cuando creemos que cada pensamiento representa una verdad.
Por ejemplo:
“Algo malo va
a suceder.”
“No voy a
poder.”
“Seguro que
todo saldrá mal.”
“Nunca voy a
cambiar.”
“No soy
suficiente.”
Cuando
aparezca un pensamiento de este tipo, puedes practicar algo diferente.
En lugar de
decir:
“Esto es
verdad.”
Puedes
decir:
“Estoy
teniendo este pensamiento.”
Parece una
diferencia pequeña, pero cambia nuestra relación con aquello que sucede dentro
de nosotros.
Ya no somos
el pensamiento.
Somos quien
puede observarlo.
Y desde esa
posición podemos elegir cómo responder.
7. Respira antes de reaccionar
Hay momentos
en los que una emoción aparece con mucha fuerza.
Enojarnos.
Sentir
miedo.
Sentir
tristeza.
Sentir
ansiedad.
Sentir
frustración.
Y muchas
veces reaccionamos inmediatamente.
Una práctica
sencilla consiste en crear un pequeño espacio entre lo que sucede y nuestra
respuesta.
Cuando algo
te active:
Detente.
Inhala
lentamente.
Exhala.
Hazlo
nuevamente.
Y
pregúntate:
¿Qué
necesita realmente este momento de mí?
Ese pequeño
espacio puede cambiar una respuesta impulsiva por una respuesta consciente.
No siempre
podemos elegir lo que sentimos.
Pero podemos
aprender a elegir qué hacemos con aquello que sentimos.
8. Deja de vivir anticipando
problemas
Muchas
personas pasan una gran cantidad de energía intentando evitar acontecimientos
que todavía no existen.
Imaginan
conversaciones.
Problemas.
Enfermedades.
Pérdidas.
Fracasos.
Rechazos.
Situaciones
que quizás nunca ocurran.
La mente
cree que está protegiéndonos.
Pero
mientras intenta protegernos de un futuro imaginario, nos roba la experiencia
del presente.
Cuando
aparezca una preocupación, puedes preguntarte:
¿Esto está
ocurriendo ahora o estoy imaginando que podría ocurrir?
Si está
ocurriendo ahora, ocúpate de ello.
Si todavía
no está ocurriendo, regresa al presente.
No necesitas
resolver hoy los problemas de mañana.
9. Haz pequeños rituales de
presencia
Puedes crear
momentos cotidianos que funcionen como recordatorios para volver a ti.
Por ejemplo:
Al
despertar, no mires inmediatamente el teléfono.
Respira tres
veces y agradece estar vivo.
Cuando tomes
agua, siente el contacto del agua y su recorrido.
Antes de
comer, observa durante unos segundos aquello que tienes delante.
Cuando
llegues a casa, deja durante unos minutos las preocupaciones del día afuera.
Antes de
dormir, pregúntate:
¿Qué momento
de este día realmente disfruté?
Estos
pequeños rituales entrenan nuestra atención.
Y aquello que
practicamos diariamente comienza a convertirse en una nueva manera de vivir.
10. Aprende a escuchar
realmente a los demás
Estar
presente también significa estar presente para otra persona.
Cuando
alguien nos habla, muchas veces estamos preparando nuestra respuesta.
Comparando
su experiencia con la nuestra.
Pensando en
otra cosa.
Mirando el
teléfono.
Esperando
nuestro turno.
Escuchar
verdaderamente es diferente.
Mira a la
persona.
Escucha sus
palabras.
Observa su
tono.
Permite que
termine.
No intentes
solucionar inmediatamente.
A veces el
mayor regalo que podemos ofrecerle a alguien no es una respuesta.
Es nuestra
presencia.
11. Haz pausas durante el día
No necesitas
esperar a estar agotado para detenerte.
Puedes
incorporar pequeñas pausas conscientes.
Por ejemplo,
cada cierto tiempo:
Pausa.
Respira. Observa. Regresa.
Puedes
cerrar los ojos durante unos segundos.
Relajar la
mandíbula.
Bajar los
hombros.
Respirar
profundamente.
Sentir los
pies.
Y continuar.
Estas pausas
son pequeñas puertas que nos permiten salir del piloto automático.
12. Suelta la necesidad de
controlar cada resultado
Otra de las
grandes dificultades para vivir el presente es nuestra necesidad de saber qué
va a suceder.
Queremos
garantías.
Queremos
certezas.
Queremos
saber si una decisión será correcta.
Queremos
saber si una relación funcionará.
Queremos
saber cuándo llegará aquello que deseamos.
Pero la vida
no siempre nos entrega respuestas anticipadas.
A veces
debemos caminar antes de conocer el destino.
Vivir aquí y
ahora significa aprender a confiar un poco más en el proceso.
No significa
abandonar nuestros objetivos.
Significa
hacer nuestra parte sin exigirle a la vida que nos revele todo antes de tiempo.
13. Agradece lo que ya está
ocurriendo
La gratitud
tiene una relación profunda con la presencia.
Cuando
agradecemos, nuestra atención se dirige hacia aquello que existe.
No hacia
aquello que falta.
Puedes
comenzar cada día preguntándote:
¿Qué hay hoy
en mi vida que merece ser reconocido?
Quizás sea
algo muy sencillo.
Tu cuerpo.
Tu hogar.
Una persona.
Una
oportunidad.
Un
aprendizaje.
Una nueva
mañana.
Tu capacidad
de volver a comenzar.
La gratitud
no significa negar lo que duele.
Significa
permitir que aquello que sí está también tenga un lugar.
14. Deja de esperar el momento
perfecto para comenzar a vivir
Quizás este
sea uno de los mensajes más importantes.
No esperes a
sentirte completamente preparado.
No esperes a
tener todas las respuestas.
No esperes a
que desaparezcan todos tus miedos.
No esperes a
que el mundo sea exactamente como deseas.
Hay una
parte de la vida que solamente puede ser comprendida mientras la estamos
viviendo.
Puedes
comenzar hoy.
Con lo que
tienes.
Con lo que
eres.
Con tus
dudas.
Con tus
heridas.
Con tus
aprendizajes.
Con tus
sueños.
No necesitas
convertirte en otra persona para comenzar a vivir tu vida.
Necesitas
comenzar a estar presente en ella.
Un ejercicio para volver al
aquí y ahora
Cuando
sientas que estás demasiado atrapado en pensamientos, realiza esta práctica.
Detente
durante unos minutos.
Mira a tu
alrededor y reconoce:
5 cosas que
puedes ver.
Luego
reconoce:
4 cosas que
puedes tocar.
Después:
3 sonidos
que puedes escuchar.
Luego:
2 aromas que
puedes percibir.
Y
finalmente:
1 cosa por
la que puedes agradecer en este momento.
Después
respira profundamente.
Y repite
lentamente:
“Estoy
aquí.”
“Este
momento es real.”
“No necesito
resolver toda mi vida ahora.”
“Puedo
permitirme vivir este instante.”
Quédate unos
segundos sintiendo esas palabras.
Una nueva relación con el
presente
Vivir aquí y
ahora no significa vivir sin pasado ni futuro.
Significa
aprender a relacionarnos con ambos sin abandonar el presente.
Podemos
mirar el pasado para comprender.
Podemos mirar
el futuro para proyectar.
Pero después
necesitamos regresar.
Regresar al
cuerpo.
Regresar a
la respiración.
Regresar a
lo que está sucediendo.
Regresar a
nuestra vida.
Porque
muchas veces buscamos experiencias extraordinarias mientras ignoramos el momento
extraordinario que ya tenemos delante.
Tal vez hoy
no sea un día perfecto.
Tal vez
existan problemas.
Tal vez haya
preguntas sin respuesta.
Tal vez
todavía estés atravesando un proceso.
Pero incluso
dentro de todo eso existe un instante que está disponible para ti.
Este.
Ahora.
Mientras
lees estas palabras, tu vida está sucediendo.
Tu
respiración está sucediendo.
Tu cuerpo
está aquí.
Este momento
nunca volverá exactamente de la misma manera.
Por eso,
quizás vivir plenamente no consista en conseguir que cada momento sea perfecto.
Quizás
consista en aprender a estar verdaderamente presente para cada momento que
la vida nos entrega.
No necesitas
correr hacia el futuro.
No necesitas
regresar permanentemente al pasado.
Puedes
detenerte.
Respirar.
Mirar.
Sentir.
Escuchar.
Y recordar:
La vida no
está esperando en algún lugar lejano.
La vida está
aquí.
La vida está
ahora.
Y quizás
este sea el momento de comenzar a vivirla.
Práctica diaria: “Estoy aquí”
Durante los
próximos siete días, busca cinco minutos al día para realizar esta práctica.
Siéntate
cómodamente.
Cierra los
ojos.
Respira
lentamente.
Siente tu
cuerpo.
Escucha los
sonidos.
Observa tus
pensamientos sin perseguirlos.
Y repite:
Estoy aquí.
Estoy
presente.
No necesito
estar en otro lugar para que este momento tenga valor.
No necesito
tener todas las respuestas.
Puedo vivir
mientras continúo aprendiendo.
Puedo
disfrutar mientras continúo sanando.
Puedo
confiar en este instante.
Después abre
los ojos y observa nuevamente tu entorno.
No busques
que algo extraordinario suceda.
Simplemente
permanece.
Porque
algunas veces el verdadero despertar no consiste en encontrar algo nuevo.
Consiste en dejar
de estar ausente de aquello que ya tenemos.
Y cuando
comenzamos a estar presentes, descubrimos que la vida siempre estuvo intentando
encontrarnos.
Solo
necesitábamos regresar.
Aquí.
Ahora.
A nosotros
mismos.
Espero que
este post te resulte de ayuda, como vivir en el presente, habitar nuestro
espacio; estar aquí y ahora se ha convertido realmente en un reto para la vida
actualmente; por ello la importancia de recordar que la vida esta ocurriendo
ahora; no en el pasado o el futuro; ahora; y de nosotros depende disfrutar de
ese milagro.
Saludos,
mucha Luz en tu camino.
Jorge
Magallanes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario